Consumo de drogas en Cuba se incremmenta

"Que no te metan cuentos. La mayoría de los que venden drogas trabajan para la policía. Los dejan vender a cambio de chivatear a pejes gordos. Este es un negocio donde todos se mojan (con dinero)"

Foto tomada de cubanet.org

Iván García

Después de las diez de la noche, Yunier se llega a un bar privado, a dos cuadras del solar empercudido y bullicioso donde vive y compra media docena de cervezas Corona y una bebida energizante para ligar con el trago.

Luego de fumarse un taco de marihuana en la azotea de la cuartería, se sienta en una silla de hierro sin espaldar, con su iPod y audífonos profesionales, a escuchar una frenética descarga de reguetón cubano.

Al poco rato, el móvil comienza a sonar. “Son los puntos (compradores) que vienen a buscar lo bello y lo prohibido (drogas). A la una de la mañana ya debo tener vendidas las piedras que me quedan y dos onzas de yerba”, comenta, mientras observa el cielo colmado de estrellas con la mirada vidriosa y perdida.

Yunier vive en un barrio marginal de La Habana profunda. Antes de cumplir 14 años ya había visitado un par de veces el correccional para menores por delitos de poca monta.

“Fue en el tanque (prisión) donde conocí las drogas. Comencé tragando píldoras. Metil, Parkisonil, cualquier cosa que me cambiara el cuerpo. Luego me enganché con la yerba. Cuando salí, un socio del barrio me dijo: ’Asere hay dos tipos de hombres, los perdedores y los ganadores. Si quieres salir adelante, buscar un baro largo y tener un montón de jevitas, el vicio no te puede dominar’. Y me dediqué a vender drogas. A veces me doy un cantazo (halar una piedra) y todas las noches me fumo un cigarrón más largo que un habano. Pero lo hago para estar sabroso y afinar la muela”, confiesa.

Yunier conoce de primera mano el riesgo de las drogas. “Aquí cada noche llegan tipos que lo han perdido todo. Igual que jevitas que, por una piedra, te hacen una completa (sexo en todas sus facetas). El vicio los vuelve descarados. El televisor de pantalla plana, el teléfono cómico (un Samsung Galaxy) y casi toda la percha (cosas) que tengo la he conseguida mediante empeños con gente enganchada con la piedra. Es la peor de todas. El vuele que nunca llega. Una perdición. Pero yo vivo de esos giles (ingenuos)”.

La piedra, una combinación de bicarbonato con pequeñas dosis de cocaína, es ahora mismo la droga estrella en La Habana de noche. Se vende a diez pesos convertibles cada una y los compradores rastrean por toda la ciudad para consumirla.

Eddy, con un peinado estrafalario y una camiseta azulgrana de Neymar, dice que ”la piedra es destructiva. Hay socios que han terminado en Mazorra (hospital siquiátrico). Yo la mezclo con un prajo (taco) de marihuana. Es la combinación perfecta, le llaman ’primo’ o ’cinco con diez’. El arrebato es único”.

Un segmento de músicos exitosos, emprendedores privados de negocios boyantes y personas que trabajan en centros turísticos suelen consumir cocaína. Los precios fluctúan según el momento.

“Cuando se pierde, hay que pagar a 80 o 90 chavitos (cuc) el gramo. Ahora se puede encontrar a 50. En la farándula encuentras jevitas que halan más polvo que una aspiradora. Portar coca es de buen gusto en las discotecas de pegada. Es sinónimo de tener un baro largo. Con un auto y un poco de polvo te llevas a casa a las mejores hembras de La Habana”, acota Reinier, DJ en una discoteca del sur de la ciudad.

En los barrios pobres es raro que un adolescente menor de 15 años no haya probado drogas. “Por supuesto, ya han tomado alcohol. Y cuando se van a descargar los fines de semana ingieren pastillas o fuman marihuana”, expresa Sixto, médico de un policlínico de Mantilla, barriada a 45 minutos del centro de la capital.

La prensa oficial ha publicado reportajes sobre el perjuicio de los estupefacientes. Tanto la radio como la televisión nacionales emiten spots publicitarios sobre los peligros de la drogas para la salud mental.

Aunque el general Raúl Castro intentó disminuir el auge en alza de los estupefacientes en Cuba, cuando en un discurso de la CELAC en el invierno de 2013 manifestó que en la Isla no existían drogas, “solo un poquito de marihuana que algunas personas cultivan en una maceta del balcón de su casa”, los frecuentes operativos policiales dicen lo contrario.

El año pasado, la Aduana frustró 49 intentos de entrada de drogas al país. Decomisaron 44 kilogramos de cocaína y pequeñas cantidades de hachís, marihuana y drogas de diseño.

En la primavera de 2015, en Sancti Spíritus, provincia a 300 km al este de La Habana, fuerzas policiales antidrogas en el municipio de Taguasco confiscaron 453.252 semillas de marihuana, 433 plantas y 395 tallos podados. También incautaron 14 fincas donde existían sembradíos de marihuana.

Según un oficial de la policía que prefirió el anonimato, los municipios y barrios de La Habana, donde es mayor el consumo de drogas son Centro Habana, sobre todo Colón; Jesús María y San Leopoldo; 10 de Octubre, y Arroyo Naranjo. ”Se conocen casos de vendedores que expenden drogas en puntos cercanos a escuelas secundarias y preuniversitarios”, precisa.

Cuando usted les pregunta a vendedores de drogas dónde y cómo obtienen los estupefacientes, sus respuestas varían. Desde los recalos en costas cubanas, hasta componendas con policías corruptos.

“Que no te metan cuentos. La mayoría de los que venden drogas trabajan para la policía. Los dejan vender a cambio de chivatear a pejes gordos. Este es un negocio donde todos se mojan (con dinero)”, expone Yunier.

Rayando las dos de la madrugada, Yunier cuenta un fajo de billetes y llama a su proveedor. “Oye, tráeme más juguetes que los niños me compraron todos los que tenía”. Luego, tararea una canción de Gente de Zona y bebe con calma su cerveza Corona. Hoy fue una buena noche para Yunier.

 

Publicado originalmente en www.martinoticias.com