Critican desnudo en la bandera cubana

CARTA ABIERTA A LIU SANTIESTEBAN


Por Esteban Fernández
14 de nov, 2017
Sinceramente no recuerdo si fuiste tú o fui yo el que logró que nos acercáramos. La cuestión fue que considero que nos convertimos en conocidos. Y que yo llegaría -al pasar los años- al extremo de creernos compañeros de ideales anticastristas.
Me agradó extraordinariamente que tú perteneciendo a una diferente generación te unieras -o me hicieras creer que te unías- a los miembros del exilio intransigente. Para ponerte un ejemplo, el anticastrista más anticastrista que yo he conocido, Tito Rodríguez Oltmans, quedó deslumbrado ante tu actitud a favor de la causa. Todos eran elogios para ti de parte de los viejos robles cubanos. Todos estábamos contentos con tu proceder.
Le diste cabida en tu blog “Todo el Mundo Habla” a mis escritos y recibí todo tipo de halagos de tu parte por ellos. Lo cual como es natural me hizo sentir simpatías por ti.
Eres bella y tienes buen cuerpo, y eso -desde luego- nos lleva a los hombres que nos sentimos “machos enteros” ser atraídos hacia ti. Y encima de eso dices ser anticastrista furibunda.
Es decir que, ante mi vista, todo en tí eran atributos: belleza, anticomunismo, tu actitud en favor de los antiguos combatientes del exilio, halagadora de mis humildes escritos, y siempre aceptando agradecida  las palabras de admiración de mi parte.
De pronto me sorprendiste con un viaje a Cuba. No te dije nada, ni te critiqué. Miles y miles de cubanos van a Cuba. Sin embargo, a nadie que yo considere miembro de mi más cercano entorno yo le permito ni le acepto ese desliz. Y en ese instante te hice la cruz. Una cruz muy leve, sin criticarte públicamente en lo más mínimo. Esa era y es una prerrogativa tuya.
Noté que te tiraste a luchar en favor de la disidencia pacífica y ya me di cuenta por completo que jugábamos en diferentes novenas. Porque yo no creo en ese tipo de lucha ya que considero que “lucha” y “pacifismo” son dos conceptos antagónicos.
No obstante eso seguí sintiendo simpatías por ti porque te he considerado una feroz enemiga del régimen imperante en nuestra nación.
Pero todo tiene un límite, y ahora al cometer la barrabasada de retratarte desnuda encima de nuestro principal símbolo patrio, irrespetando lo más sagrado que tenemos los cubanos verdaderamente patriotas, y dar cien excusas y motivos para hacerlo,  NINGUNO VÁLIDO PARA MI, tengo que decirte que hasta aquí llegó el último vestigio de encanto que ejercías sobre mí, y creo que en todos y cada uno de los miembro del exilio histórico.
Y por último, te aseguro que si con eso lograras hacerle la más mínima mella a la tiranía llegaría hasta a aplaudirte, pero no es así, lo único que haces es dejar mucho que desear como dama y les hace daño a nuestra causa.
Mi única intención con estas líneas es que rectifiques, o de lo contrario despedirme para siempre.
Esteban Fernández

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