La Censura en Cuba

Me sobre incomoda ver con qué tranquilidad los enemigos de la pluralidad han hincado el diente a nuestra historia, adulterando la conciencia nacional bajo una retórica ambigua

ICLEP-CIMARRÓN DE MAYABEQUE: Adalides de la censura.

Por: Osniel Carmona Periodista Ciudadano
Mayabeque, 5 de septiembre, 2017
Me sobre incomoda ver con qué tranquilidad los enemigos de la pluralidad han hincado el diente a nuestra historia, adulterando la conciencia nacional bajo una retórica ambigua que plagia en un enfoque ideológicamente manoseado, la obra y pensamiento de nuestros próceres. Queda en una zona confusa la intencionalidad con que utilizan, para prestigiar sus proyectos, el legado de una saga de buenos cubanos que nos precedieron.
En la praxis, con la habilidad de expertos manipuladores, usaron la identidad nacional como técnica de persuasión o sugestión mental en la tentativa de toma del control sobre el comportamiento social, prefacio de un proceso de supresión de las capacidades de crítica y autocrítica individual. Apuntaron el colimador hacia la capacidad común de juzgar o rehusar informaciones u órdenes.
Los adalides de la democracia sin voz propia refundaron nuestros gremios bajo patrones de sometimiento absoluto, y poco a poco los abigarraron con la inclusión de mujeres, negros, religiosos y algunos homosexuales, mostrando con tonos grandilocuentes una diversidad hipócrita, pues desconoce y defenestra a un sector de cubanos que piensan y se expresan diferente a la línea política oficial. Lamentablemente, a la prensa la han perfilado hasta lo convenientemente irreflexivo, limitando su condición de vehículo tradicional en la difusión del abanico de fenómenos que envuelven a la sociedad. Visto así, cortaron las alas de la libertad de prensa, que tuvo que comenzar a andar con pies prestados por caminos preconcebidos.
En breve tiempo hicieron de los medios de difusión masiva una ecuación de escasas variables, siempre en sentido favorable a la corriente gubernamental. Pusieron coto al talento y lo educaron, sobre todo al de nuevas generaciones, bajo estrictas normas de servilismo, segregándolo al ostracismo político de los medios que por la fuerza hicieron órganos privados.
A los atrevidos o “descarriados”, que por conciencia o cansancio desafían sus conceptos ideológicos, les dieron título de desfavorecidos, ya no son periodistas o comunicadores ciudadanos, sino apóstatas mercenarios del ciberespacio
Para ellos escribieron y reajustaron leyes punitivas, construyeron calabozos y entrenaron grupos policiales en el arte de reprimir a los ciudadanos que presuntamente deben proteger. Con el paso del tiempo ha caído la máscara. Hoy reconocen algunas de las mañas con que nos han dormido, pero se auto denominan manipuladores altruistas, expelen que los cubanos no están preparados para enfrentar el flujo sensacionalista de los medios “imperiales”.
En los derroteros de censurar lo inocultable y volver dogmático lo que atrae al debate, olvidaron, todo parece indicar, que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, máxime cuando con prácticas extemporáneas se desafía el intelecto de todo un pueblo. Estos proveedores de dictaduras mediáticas, perdieron la lucidez y la credibilidad. Mientras hacen campañas ideológicas con sucesos tristes, otros de semejante carácter son disimulados gracias a las facultades que gozan como propietarios de los medios.
Hay distancias que son insalvables y eso ya es de dominio público. ¿Acaso pueden haber diferencias entre crímenes abominables como las llamadas Pascuas Sangrientas de 1958, el atentado terrorista en Barbados contra el avión de Cubana de Aviación en 1976, y el asesinato por órdenes del gobierno en 1994 de 41 personas que a bordo del Remolcador 13 de Marzo intentaban abandonar el país? ¿En qué punto no coinciden las imágenes que nos llegan desde el exterior, de policías reprimiendo a manifestantes pacíficos, con las que se ven aquí en Cuba de la policía política reprimiendo a las Damas de Blanco y otros grupos opositores? ¿Acaso no cuentan los cientos de detenciones arbitrarias que año tras año sufren los periodistas independientes cubanos por el justo y legal hecho de informar sobre el entorno económico, político y social de la nación?
Esos, quienes desde “arriba” deciden con que envenenarnos y nos atemorizan con terror político cuando logramos “abrir los ojos”, ustedes seguro los han oído mentar pero no los conocen porque vuelan muy alto. De todos modos los describo.
Cincuenta años atrás, vestían día y noche de traje militar verde olivo. A la cintura llevaban siempre un fierro, aunque ocuparan altos cargos en el estado, y se desplazaban por la ciudad con autos americanos heredados de la dictadura desterrada. Veinte años después cambiaron el hábito militar por las blancas guayaberas, el fierro por más guardaespaldas y sustituyeron los Ford y Chevrolet por los Ladas del comunismo soviético.
En la actualidad, se presentan a la luz pública enfundados en finísimos trajes, se rodean de amplios y costosos dispositivos de seguridad considerados de los mejores del mundo, y ruedan sobre lujosos Mercedes Benz de color negro. De dónde habrán sacado capital para progreso tan empinado, porque nosotros, el pueblo, no hemos percibido siquiera aires de mejora.