Los grillos contra el imperialismo

El efectismo castrista ya no engaña

El régimen castrista resta importancia a recientes acusaciones de EEUU

Gráfica Alen Lauzán
DDC

El efectismo castrista ya no engaña

Pedro Campos | La Habana | 31 de Octubre de 2017

(ALEN LAUZAN)

A todo bombo y platillo, en Washington, delante de un grupo de emigrados cubanos amigos del antidemocrático y antisocialista Gobierno cubano, el canciller Bruno Rodríguez anuncia que “EEUU cierra y Cuba abre”, en referencia a supuestas nuevas políticas migratorias de ambos países.
Objetivos: hacer circular el titular por la prensa mundial para demostrar su bondad, frente a la crueldad del Gobierno de EEUU, contrarrestar las alegaciones sobre los ataques sónicos a diplomáticos extranjeros, neutralizar las acusaciones sobre las sistemáticas, masivas y flagrantes violaciones de los derechos civiles, políticos y económicos del pueblo cubano, y buscar la manera de exprimir más a esa emigración maltratada y esquilmada.
La que intenta ser una frase lapidaria del canciller, cae ante el análisis más elemental. EEUU no ha cerrado su política migratoria hacia Cuba. Las medidas para proteger su personal diplomático, hasta que el Gobierno cubano garantice la seguridad de los diplomáticos extranjeros, han llevado a prácticamente al cierre de las relaciones consulares entre ambos países.
Hasta ahora, que se sepa, el Gobierno cubano no ha dado ningún paso para dar esas garantías y, más bien, al culpar a los grillos de los ataques acústicos ha dejado en un indefinido limbo el futuro de las relaciones de todo tipo con EEUU. Al lavarse las manos en relación con el tema de los ataques sónicos, quiere dejar a EEUU como único responsable de la crisis en las relaciones entre ambos países, pretendiendo ignorar que fue la dictadura castrista la que inicio el congelamiento del deshielo, desde la visita de Obama.
Por su parte la “apertura cubana” no resuelve los graves problemas que confrontan los emigrados y no pasa de reconocer algunos de elementales derechos civiles siempre pisoteados, en un intento de aumentar las vías para recaudar ingresos, en medio de la seria crisis económica que vive el país, evidenciando la dependencia actual del Gobierno del dinero de los emigrados. Algo que, por cierto, la comunidad cubana podría utilizar mejor como arma de negociación.
La medida más sobresaliente es la eliminación de la “habilitación” del pasaporte, una especie de permiso para entrar en tu país, lo cual constituía una elemental violación de un derecho humano, específicamente reconocido en el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “(1) Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. (2) Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.
Casualmente, un día antes de la declaración de Bruno Rodríguez, a la esposa del opositor Oswaldo Payá, según sus familiares asesinados por el régimen, se le impedía entrar a La Habana y era enviada de regreso a EEUU sin poder salir del aeropuerto de La Habana, cuyo Gobierno tiene una “lista negra” en la que está un número indeterminado de emigrados a los cuales se tiene prohibida su entrada en Cuba por su oposición en algún momento al régimen.
Las medidas migratorias que más afectan a los emigrados siguen vigentes, a saber la obligación a los nacidos en Cuba de entrar al país con pasaporte cubano aunque tengan otra nacionalidad, así como el abominable precio del pasaporte, el más caro del mundo. Y, sobre todo, la imposibilidad de ejercer sus derechos en Cuba a los mismos a los que se les obliga a tener nacionalidad cubana: no pueden tener propiedades, realizar inversiones, no pueden votar en las elecciones (en realidad selecciones) y otras.
El efectismo castrista ya no engaña a nadie.
Mientras el Gobierno no muestre una verdadera disposición a tener en cuenta los intereses de todos los cubanos, lo que implica el inicio de un proceso de democratización, una verdadera apertura política con libertad de expresión, asociación, elección y actividad económica que abra paso a la participación democrática real de todos los cubanos de dentro y de fuera, sin distinciones, sin exclusiones, sin sectarismos; mientras se sigan violando flagrante, masiva y sistemáticamente los derechos civiles, políticos y económicos de todos los cubanos, el Gobierno seguirá siendo una dictadura que no merece reconocimiento ni respeto de la comunidad internacional y mucho menos de sus propios ciudadanos.
Los que aplauden al castrismo por estas migajas tienen derecho a expresarse como les parezca, pero deben saber que aplauden a una dictadura que traicionó la democracia y el socialismo, usados ambos como pedestales para erguirse y sostenerse por la fuerza.


Cubanet
René Gómez Manzano
31 de octubre, 2017
El pasado jueves 26, a las ocho y media de la noche, justo entre el noticiero vespertino y la gustada novela brasileña, la Televisión Cubana lanzó al aire un desmentido de las acusaciones estadounidenses sobre los “ataques acústicos” realizados contra diplomáticos de su país —y también de Canadá— en La Habana. Esto fue ratificado en el Granma del viernes 27. El formato escogido fue un nuevo capítulo de la serie “Las razones de Cuba”.
Este lunes, el tema fue abordado de nuevo en el programa “Mesa Redonda”, que no añadió nada esencialmente nuevo al tema, aunque sí aportó una frase truculenta, pero que no carece de originalidad, al bautizar el nuevo enredo como “Maine sónico”.
Lo primero que cabe destacar en estas nuevas entregas es que la supuesta refutación ha tenido un carácter meramente oficioso. Por esta vez nos hemos librado de tener que leer o escuchar la cansona lectura de uno de esas “declaraciones del Ministerio de Relaciones de Exteriores”, que parecen ladrillos lanzados contra los cubanos.
Como resulta habitual en casos como ése, las rotundas afirmaciones de los locutores o de oficiales de completo uniforme son respaldadas por científicos y especialistas que afirman haber estudiado con detenimiento el asunto. En esta ocasión, esos sabios han llegado a la conclusión de que el ataque acústico habría tenido un carácter similar al de los ruidos que suelen emitir… ¡grillos y cigarras!
Según el Granma, el “profundo estudio” realizado permitió establecer “la similitud entre las muestras sonoras entregadas” por los norteamericanos “y el sonido de estos insectos”. “Este resultado fue presentado a la contraparte estadounidense como la causa plausible de algunos incidentes sonoros reportados”.
El mismo periódico comunista afirma que los ataques acústicos, cuya mención acompaña con calificativos como “presuntos” y “alegados”, han sido objeto de “manipulación política” por parte de Estados Unidos. Un excelente ejemplo de un burro hablando de orejas.
No creo que este nuevo esfuerzo del oficialismo haya tenido, como objetivo primordial, a los cubanos de a pie. Los especialistas del Departamento Ideológico del partido único saben muy bien que los bodrios que ellos cocinan no convencen a la generalidad de nuestros compatriotas. Lo demuestran cada vez que, para que sus afirmaciones tengan cierta aceptación, transmiten fragmentos de noticieros extranjeros, en la voz de los locutores originales.
Es ante todo en otras latitudes donde incondicionales y “compañeros de viaje” recepcionan los guisos confeccionados en La Habana, y los sirven a sus propios públicos. Esto es válido, de manera especial, en los mismos Estados Unidos, donde una serie de comunicadores “liberales” (en realidad, ideólogos anti-sistema con inmensas añoranzas socialistas) se hacen eco de todo lo proveniente de sus “hermanos de ideales”.
Pese a ello, la nueva entrega de “Las razones de Cuba” y la “Mesa Redonda” han servido para convencer a nuestros atribulados compatriotas de una cosa: la nueva calamidad que les ha caído encima está ahí para quedarse. Porque no admite dudas que las consecuencias de este nuevo diferendo constituyen una desgracia adicional, que se suma a las otras que ha provocado la política inmovilista de los ocupantes del Palacio de la Revolución.
Éstos, en lugar de aceptar la mano que mantuvo tendida durante meses el presidente Obama, optaron por hacerle asquitos y remilgos de todo tipo. Al surgir el nuevo diferendo, su canciller le pidió una entrevista urgente al ocupadísimo Secretario de Estado… para decirle lo mismo que habían declarado durante semanas. Lo que el señor Tillerson debe haber valorado como un desperdicio de su valioso tiempo se saldó, en apenas unas horas, con la expulsión de una quincena de diplomáticos cubanos de Washington.
Esta última situación, sumada a la retirada de buena parte del personal estadounidense de la Embajada en La Habana, ha conducido a una gran ralentización en el otorgamiento de visas a los ciudadanos de uno y otro país (y también a cubanos, pues, aunque parezca increíble, los castristas exigen a nuestros compatriotas radicados en el extranjero que obtengan un permiso o “habilitación” otorgado por ellos mismos para poder visitar el suelo en que nacieron).
Esta virtual paralización de los permisos de viaje representa un sólido golpe propinado a los castristas. De ella, la propaganda de La Habana culpa a “la Mafia anticubana de Miami”. El Granma, más específico, cita al senador Marco Rubio. Son, pues, nuestros compatriotas de ideas democráticas radicados en el exilio los que pueden acreditarse esta fuerte estocada asestada al régimen.
Porque lo que no puede negarse es que, pese a toda la retórica antiamericana de los agitadores comunistas, los viajes de quienes residen en Cuba a la tierra del “enemigo”, y viceversa, constituyen el mejor de los alicientes incluso para aquellos que están comprometidos política e ideológicamente con el castrismo.
El Granma desliza una velada amenaza. Según el órgano oficial del partido único, “esta situación… pone en riesgo la preservación de la seguridad nacional de ambos países, pues se afectarían los acuerdos en materia migratoria”, entre otros. ¿Estarán insinuando la posibilidad de un nuevo éxodo masivo?
No creo que estén locos en el Palacio de la Revolución. Y tendrían que estarlo para pensar que, a estas alturas, con un presidente republicano con las características de Donald Trump en la Casa Blanca, podrían iniciar una nueva aventura de ese tipo sin sufrir consecuencias harto desagradables para ellos mismos.