Prohibido rendirse

Los cubanos que llevamos más de medio siglo luchando por nuestra libertad no tenemos la opción de darnos jamás por vencidos.

PROHIBIDO RENDIRSE
Alfredo M. Cepero
“We can be as great as our dreams and as small as our fears…. Podemos ser tan grandes como nuestros sueños y tan pequeños como nuestros miedos” Discurso de Alfredo M. Cepero en Hilton Head, South Carolina, el 10 de julio de 1988.
1 de dic, 2017
Los cubanos dentro y fuera de nuestra isla atormentada y cautiva tocamos a las puertas de otra navidad sin libertad ni patria. Un “vía crucis” de casi tres generaciones que ha erosionado la voluntad de hasta los más acendrados patriotas para continuar la lucha contra quienes tiranizan a nuestro pueblo. Como los apóstoles que se dejaron vencer por el sueño y abandonaron la vigilia en el Huerto de Getsemaní la mayoría de los cubanos nos hemos dejado vencer por la represión y nos hemos replegado a nuestras vidas privadas. La ironía consiste en que la mayoría de la gente fracasa porque no se dan cuenta de lo cerca que están del éxito cuando deciden rendirse. Yo creo con firmeza que la libertad de Cuba está “a la vuelta de la esquina”.
Muchos de nosotros hemos abandonado una guerra que no ha concluido porque hemos perdido la voluntad de presentar batalla. Una guerra que los tiranos no ganarán mientras sus víctimas no nos rindamos y mantengamos la decisión de combatir hasta la victoria. De hecho, no hay nada más temible que un adversario ensangrentado y golpeado que se niega a rendirse. Esa es la minoría que todos los días desafía los pronósticos derrotistas y tiene temblando a los tiranos. Esa es la minoría que sabe que el éxito llega cuando tus sueños son más grandes que tus excusas. Para esos iluminados de la libertad está prohibido rendirse.
La inspiración para mantenernos firmes en nuestra lucha nos llega en las páginas de la gloriosa historia de Cuba. Para Martí, Maceo, Gómez y los patricios que forjaron nuestra nación, como para todo hombre que se respete a sí mismo, la rebeldía es el oxígeno que alimenta, prolonga y mantiene la calidad de nuestra vida. Rendirse es como morir en vida porque destruye totalmente nuestra autoestima.
Por otra parte, no caben dudas de que quienes sirven a la humanidad lo hacen por motivos altruistas. Pero yo opino que la lucha del bien contra el mal no se ha de realizar solo por altruismo sino por preservación del respeto a nosotros mismos. En el proceso de servir a los demás recibimos el beneficio añadido de mantener nuestra dignidad y, por consiguiente, servirnos a nosotros mismos.
Regresando a nuestros próceres, todos ellos sufrieron dolores, experimentaron fracasos y, en el camino del éxito, tuvieron que superar obstáculos. José Martí fue condenado a prisión cuando apenas contaba los 16 años , vivió aquejado de diversas dolencias físicas, fracasó en su matrimonio con Carmen Zayas Bazán, vivió separado de su único hijo y fue acusado de cobardía por sus mismos compañeros de lucha. Sin embargo, jamás se rindió ante tanta adversidad. Fue necesaria una bala para detener sus ímpetus de hacer realidad la libertad de Cuba.
Cuando la Guerra de los Diez Años llegaba a su fin y muchos abandonaban las armas, Antonio Maceo confrontó en los Mangos de Baraguá al general español Arsenio Martínez Campos y se negó a acatar la paz de Zanjón de 1878. Por el contrario, continuó combatiendo y dominó toda la provincia de Oriente, hasta que el desgaste de su ejército lo obligó a exiliarse en Jamaica, desde donde siguió conspirando. Cuando en 1895 sonó de nuevo la trompeta de guerra, Maceo desembarcó en Duaba y asumió la jefatura de las fuerzas de la provincia de Oriente. Su inmolación en el potrero de San Pedro el 7 de diciembre de 1896 le abrió las puertas de la inmortalidad y le ganó la gratitud imperecedera del pueblo que liberó con su espada.
En 1865 llegó a nuestras costas un dominicano de 29 años llamado Máximo Gómez que luchó por la independencia de Cuba como si ésta fuera su patria de origen. De inmediato se unió al movimiento independentista contra la dominación colonial española y se destacó como un consumado estratega durante la primera guerra por la independencia cubana, la Guerra de los Diez Años (1868-78). Al igual que Maceo rechazó la Paz del Zanjón y se marchó al extranjero. Regresó a Cuba en 1895 como General en Jefe de unas fuerzas mambisas que para 1898 confrontaban una situación precaria. Sin embargo, a pesar de su débil posición militar, se negó a todo compromiso con los españoles, rechazando el plan de autonomía que ofreció el gobierno de Mateo Sagasta.
Más allá de nuestras fronteras la historia recoge ejemplos de hombres que jamás se rindieron. En el crudo invierno de 1777-1778, un asediado George Washington vio como sus hombres desertaban en masa del campamento de Valley Forge, en el estado de Pennsylvania. Llegó a fusilar desertores para mantener la disciplina y la integridad de su ejército. Tres años más tarde, su tenacidad fue premiada con la victoria que selló la independencia de los Estados Unidos en la Batalla de Yorktown.
Al sur del Continente Americano, el 8 septiembre de 1825, un asediado Simón Bolívar se autodefinía: “El Hombre de las dificultades”. Pero eso no fue obstáculo para que cumpliera su juramento del Monte Sacro. Superó traiciones, enfermedades, envidias, desconocimiento de su autoridad, hipocresía y todo tipo de adversidades. Pudo atravesar con un ejército semidesnudo el páramo de Pisba a más de 3.000 metros de altura, para vencer en Gámeza, Pantano de Vargas, y en la gloriosa batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819; después vendrían Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho.
Y en pleno Siglo XX, al otro lado del Atlántico, un anciano sibarita, empecinado y genial salvó a Inglaterra de la destrucción por las fuerzas de la Alemania Nazi. Winston Churchill le habló a su pueblo con la verdad y con la esperanza, como hacen los verdaderos líderes. Cuando otros hablaban de apaciguamiento y vaticinaban derrotas, Churchill les dijo: “Nunca bajen la guardia, nunca se rindan y rebélense contra todos los retos. Nosotros defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el costo. Pelearemos en las playas, pelearemos en los aeropuertos, pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las montañas; jamás nos rendiremos”. Inglaterra no se rindió y de ella partió la salvación de Europa.
Es cierto que hombres del calibre de los que hemos mencionado no se dan todos los días. Pero la realidad es que cuando las situaciones lo exigen y se dan las condiciones aparecen los verdaderos líderes. Hombres y mujeres que siembran la determinación, transmiten la seguridad y promueven la esperanza a multitudes paralizadas por el cinismo, la ignorancia o el terror. La Cuba de este 2017 se encuentra en esta deplorable situación.
Una Cuba que esta urgida de una prédica donde se estipule que el éxito en la vida no se mide por lo que logras, sino por los obstáculos que superas. Que el éxito en la vida no está en vencer siempre, sino en no darse por vencido nunca. Por lo tanto, los cubanos que llevamos más de medio siglo luchando por nuestra libertad no tenemos la opción de darnos jamás por vencidos.

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