Miguel López Curvelo, funcionario del turismo en Villa Clara, le informó al ICLEP que la industria turística cubana atraviesa su peor momento en más de dos décadas. En 2025, la isla recibió apenas 1,8 millones de visitantes internacionales, la cifra más baja desde 2002, lo que representa una caída del 17,8% respecto a 2024 y un desplome del 62% en comparación con el récord de 4,7 millones de turistas alcanzado en 2018.

“El desplome se ha acelerado en 2026, con una contracción interanual del 30% en los primeros dos meses. La profunda crisis energética, agravada por las restricciones al suministro de combustible, ha sido el detonante principal de este colapso”, comentó. La fuente indicó que Villa Clara, hogar del importante polo turístico de Cayo Santa María, no ha sido ajena a esta realidad.

“Datos oficiales de la Delegación Provincial del Ministerio de Turismo indican que entre enero y noviembre de 2025 nuestra provincia recibió 375.910 turistas, un 36,8% menos que en el mismo período del año anterior. Las pernoctaciones cayeron un 46,3% y el movimiento de pasajeros en el aeropuerto internacional Abel Santamaría se redujo un 21,2%”, explicó López Curvelo. El funcionario aclaró que la situación se ha tornado crítica en los cayos del norte de Villa Clara, dependientes en gran medida del mercado canadiense.

“Numerosos trabajadores han sido reubicados o se encuentran en una situación de incertidumbre laboral y no sabemos cuándo volverán a sus puestos de trabajo”, refirió. Leonardo García Duarte, economista que trabajó en el Hotel Central hasta diciembre del pasado año, considera que el declive responde a una combinación de factores externos e internos.

“La administración de Donald Trump ha endurecido las restricciones a los envíos de combustible hacia la isla, lo que ha provocado apagones generalizados y una paralización casi total del transporte. A ello se suma la escasez de divisas y una estrategia gubernamental cuestionada por expertos, que prioriza la construcción de grandes hoteles de lujo en lugar de inversiones destinadas al mantenimiento y la eficiencia energética”, advirtió García Duarte.

Las consecuencias para la población son devastadoras. Un trabajador del sector, identificado como Osmany Yanes Suárez, describió el panorama como un “colapso”. Según explicó, muchos de los pocos turistas que aún llegan a los hoteles comentan a los trabajadores que no regresarían a “un país tan arruinado y deprimente”. La crisis amenaza con profundizar aún más la recesión económica, debido a que el turismo constituía una de las principales fuentes de ingreso de divisas para el país. 

Publicado originalmente en la edición 143 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Páginas Villareñas.