La Habana, Cuba, (ICLEP). En la Bahía de La Habana, la contaminación ha alcanzado niveles críticos que amenazan tanto la vida marina como la salud de las comunidades cercanas. Actualmente, las fuentes contaminantes son diversas: vertimientos industriales, aguas residuales arrastradas por los ríos, conexiones ilegales a las redes pluviales y acumulación de desechos sólidos en sus márgenes.
Esta situación evidencia fallas en la gestión de Acueducto y Alcantarillado y del Centro de Control de la Contaminación de la Bahía de La Habana, particularmente en sus funciones de monitoreo, saneamiento y control de la contaminación urbana.
Aunque la crisis económica ha reducido parcialmente la contaminación industrial debido al declive productivo, las autoridades no han logrado frenar las conexiones ilegales de viviendas a los drenajes pluviales ni la indisciplina social que continúa vertiendo residuos a los ríos que desembocan en la bahía o directamente en sus aguas.
Los niveles de contaminación bacteriológica y fecal superan los límites establecidos por las normas cubanas para aguas recreativas. Especialistas advierten que la bahía no es apta para el contacto directo debido al riesgo que representa para la salud humana.
A ello se suma la creciente contaminación por plásticos y desechos sólidos que quedan acumulados en malecones y caños, especialmente después de las lluvias. También persiste la contaminación histórica por metales pesados e hidrocarburos, heredada de décadas anteriores y agravada por la actividad de las termoeléctricas.
La recuperación de la bahía requerirá voluntad política, inversiones sostenidas y soluciones inmediatas. Mientras tanto, el proyecto de convertir este espacio en un polo recreativo y turístico continúa siendo una aspiración lejana frente al deterioro ambiental que hoy enfrenta.
Publicado originalmente en la edición 278 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.