El incremento de la delincuencia juvenil es hoy uno de los fenómenos sociales más visibles y preocupantes para la población, especialmente para los espirituanos, quienes, acostumbrados a décadas de tranquilidad y seguridad ciudadana, viven ahora bajo el temor que provoca esta problemática.

Lo que una vez fueron hechos aislados y ocasionales hoy es un fenómeno casi cotidiano. Los robos, los asaltos con armas blancas y los asesinatos han cambiado aquella paz por un escenario dantesco y peligroso que, tristemente, involucra como autores a jóvenes de entre 18 y 25 años, en su mayoría desvinculados de los estudios y el trabajo.

Entre las causas de este fenómeno social se combinan varios factores económicos y sociales. La prolongada inflación provocada por el régimen y la crisis actual, que ha generado escasez y limitado las oportunidades de tener una vida digna y esperanzas de

mejora, ha llevado a muchos jóvenes a abandonar los centros de estudio y los trabajos para buscar ingresos al precio que sea, aunque ello incluya el robo y la violencia.

A esto se suma la desestructuración de los hogares como resultado de la migración masiva de padres, quienes pierden el contacto y el control sobre sus hijos.

Estos quedan bajo la supervisión de los abuelos, que no pueden controlarlos. La falta de opciones para una recreación sana provoca que el consumo de alcohol se convierta en el único pasatiempo juvenil y puerta de entrada para la violencia y el delito de robo. A todo esto se suma el consumo cultural en las redes sociales, donde los productos audiovisuales incitan a la violencia y degradación moral.

Las consecuencias de este incremento de la violencia y delincuencia juvenil son múltiples. En primer lugar, se genera una sensación de inseguridad que afecta la vida cotidiana, obliga a las familias a cambiar rutinas y limita la vida nocturna por temor.

Esto marca para siempre la vida de muchos jóvenes, quienes entran en un círculo de violencia, antecedentes penales y prisión, que los marca para siempre.

Esta violencia cotidiana también repercute en la falta de confianza que se va generando en la población hacia las instituciones encargadas de la prevención y el orden.

Publicado originalmente en la edición 233 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.