Después de permanecer casi dos años cerrado, el Coppelia espirituano reabrió sus puertas con una nueva imagen y una oferta estable de helados y dulces. Sin embargo, esta vez hay que pensarlo dos veces antes de visitar el lugar. El trato es excelente, pero los precios resultan inaccesibles para la mayoría de los espirituanos que viven de un mísero salario.
Este importante centro de la gastronomía espirituana ahora es administrado por una mipyme y los precios de venta son muy elevados. Una bola de helado cuesta 125 pesos en moneda nacional y un dulce pata de cabra 200 pesos. Como era de esperar, el lugar permanece con muy pocos clientes, pues quienes se acercan, en su gran mayoría desisten de entrar cuando leen en las tablillas los precios de los productos.
Muchos espirituanos que se alegraron con la reapertura del Coppelia hoy se alarman por sus precios. Como afirman muchos: "El Coppelia, aun después de abierto, permanece cerrado para el bolsillo de quienes sobreviven con sus salarios y tienen que hacerlos rendir durante todo un mes".
Sin entrar en el debate sobre el papel de las mipymes, estas han logrado aliviar en cierta medida el actual desabastecimiento que afecta al país. No obstante, los precios de venta continúan siendo demasiado altos para más del 70 % de la población, y el Coppelia, en su nueva versión, no es la excepción.
Para un padre de familia, salir con su esposa e hijos a tomar un helado en el Coppelia espirituano significa un extraordinario sacrificio, es gastar casi el 40 % de su salario mensual.
Si el gobierno continúa entregando centros gastronómicos al sector no estatal sin regular la política de precios de venta, las posibilidades de que la población obtenga algún beneficio de estos establecimientos serán nulas.
Los espirituanos esperaban que la reapertura del Coppelia representara una oportunidad para disfrutar en familia de un buen helado que ayudara a aliviar los calores del verano. Si las nuevas medidas económicas aprobadas por el régimen no controlan los precios abusivos de los alimentos, de nada servirán, pues el pueblo no podrá disfrutar de los beneficios reales que estas traen.
Publicado originalmente en la edición 228 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.