La Habana, Cuba, (ICLEP). Roberto Linares es uno de los recicladores informales que trabajan a diario en las inmediaciones de San Nicolás y Concordia, en Centro Habana. Junto a un compañero de oficio, recorre las calles de la zona en busca de objetos desechados que todavía puedan aprovecharse o venderse.

Su labor consiste en separar, entre los desperdicios, materiales reciclables como botellas plásticas, envases y otros objetos que conservan algún valor. Los materiales recuperados terminan en sacos amarrados a un carro improvisado que Roberto empuja por las aceras del barrio.

Armado con piezas sueltas y cargado de bolsas de malla repletas de botellas, el carro constituye su principal herramienta de trabajo. No hay horarios fijos ni puntos de recogida establecidos: el recorrido depende de la disponibilidad de materiales aprovechables y de lo que ambos consigan recuperar durante la jornada.

Aunque se trata de una actividad informal, la labor de Roberto y su compañero contribuye a rescatar materiales que pueden tener una segunda vida, ya sea mediante su venta o reutilización, en lugar de terminar mezclados con el resto de los desechos.

Ambos realizan este trabajo sin respaldo institucional y dependen de lo que logran recolectar cada día, así como de las posibilidades de vender los materiales recuperados. Sus ingresos están ligados, por tanto, a la cantidad y al tipo de objetos que encuentran durante sus recorridos.

Personas como Roberto forman parte del paisaje cotidiano de las calles de San Nicolás y Concordia. Empujan sus carros entre peatones y vehículos, atentos a los desperdicios que aún pueden convertirse en un recurso aprovechable.

Su actividad refleja una forma de recuperación de materiales que se desarrolla al margen de los mecanismos formales de reciclaje y que, pese a su escaso reconocimiento, contribuye a reducir la cantidad de residuos que terminan en los basureros de Centro Habana.

Publicado originalmente en la edición 288 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.