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Mientras menos ómnibus, más se hunde La Habana en las paradas

Foto de MIRAGE en Unsplash

Por la periodista ciudadana Silvia Alonso Urrutia

Apr 2, 2024 | 2:00 PM


Uno de los sitios donde quizás más se pueda apreciar la quiebra en todos los sentidos que hoy sufre la capital cubana lo constituyen las paradas de ómnibus, incluso más que en las bodegas. En esos lugares Cuba no es un país, es sólo un pedazo de tierra que da bandazos en el mar.

Los paraderos habaneros son la confluencia y mezcla de los aspectos, la necesidad inmediata de la movilidad y el daño psicológico de la espera, que se revierte en descontento y severas críticas al poder establecido. Allí no sólo se sufre por la guagua que no llega, sino que se pide a gritos el fin de la dictadura.

Lo duro de la situación, no hay esperanzas a corto ni mediano plazo de salir del hueco. El mismo régimen confirma el caos a través de sus medios de comunicación: más de la mitad de los ómnibus de la capital están paralizados por diferentes causas.

Según los números del Ministerio de Transporte, a través de la publicación Granma, de las 561 guaguas que deberían estar en las calles cada día, solo 252 lo hacen, lo cual no pasa de un discreto 55%. Como es lógico, quien no tiene para un auto privado no se mueve, y quizás no coma.

Pero como si llover sobre mojado fuera arte caribeño, a lo dicho hay que sumar la falta necrológica de combustible, el pésimo estado de las calles, la decrepitud del parque automotor y el aumento del costo de pasajes y carburantes, del recién implementado paquetazo.

El desespero por trasladarse en función de necesidades básicas, llegar al lugar de trabajo o a un hospital; la impotencia de las horas en medio del ritmo sostenido de decrecimiento por días de la movilidad en la capital y la falta de esperanzas, de ese siempre deseo humano de la mejora, convierten a las paradas en termómetro social.

Yunier de la Rosa Hernández, Director General de Transporte de La Habana, en el balance anual del Ministerio de Transporte, señaló que los tiempos de espera suelen ser hasta de tres horas en las rutas principales y cuatro en las alimentadoras, lo cual provoca un creciente malestar en la ciudad.

Pero, el desastre ha venido engordando por años. Agregó el funcionario que en la década de los 80 la capital contaba con 2 500 ómnibus circulando diariamente; y hace cuatro años tenía 600. La tendencia habla por sí sola, ¿quién asegura que a la vuelta de meses de las 252 guaguas de hoy quede alguna?

Tiempos atrás la frecuencia de arribo de los autobuses a los paraderos no permitía todos los matices de la exposición sobre la realidad nacional, hoy los oídos del régimen arden de tanto rechazo. Desde que llega un carro hasta que aparece otro las personas se desahogan a placer.

Desde siempre, las paradas de ómnibus capitalinas han sido termómetro con alto grado de fidelidad de la Cuba profunda, de cuál país tienen la gente en la cabeza ahora mismo. Sólo que mientras más demora una guagua en llegar, más se hunde La Habana en los paraderos.

Publicado originalmente en la edición 234 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.

 

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