Los agricultores artemiseños han comenzado a comprar combustible en dólares, una medida presentada por la prensa oficial como parte de las acciones destinadas a transformar la economía cubana. Sin embargo, el nuevo esquema deja fuera a un número importante de productores que no pueden asumir los actuales precios y podría repercutir tanto en la producción agrícola como en el bolsillo de los consumidores.

El problema no es menor. Las propias autoridades y representantes del sector han reconocido las dificultades que enfrentan numerosos campesinos para adquirir el combustible necesario para trabajar la tierra. La imposibilidad de asumir esos costos puede limitar la capacidad productiva de los agricultores y, en consecuencia, afectar la oferta de alimentos en la provincia.

Según un trabajo publicado el pasado día 5 por el periódico oficialista El Artemiseño, los campesinos pueden adquirir el combustible a precios que oscilan entre 2,40 y 2,50 dólares por litro, equivalentes a unos 1.750 pesos, de acuerdo con la tasa de cambio utilizada para ese cálculo.

En ese mismo trabajo, el presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Frank País aseguró que más del 50 % de los campesinos que integran esa entidad no puede pagar el precio actual del combustible.

El dato contrasta con otra afirmación recogida en el artículo: más de la mitad de las tierras pertenecientes a la cooperativa se encuentran "sembradas o en preparación".

La situación plantea una interrogante evidente: ¿cómo podrán mantener sus producciones aquellos agricultores que no cuentan con recursos para comprar el combustible que necesitan para preparar la tierra, sembrar o trasladar sus cosechas?

El impacto no necesariamente quedaría limitado a los productores. Si una parte de los campesinos reduce sus actividades por los elevados costos de producción, la disponibilidad de determinados alimentos podría verse afectada. Y si producir resulta cada vez más caro, esos costos pueden terminar trasladándose al precio final que pagan los consumidores.

No se trata solamente del combustible. Los agricultores también deben asumir el costo de otros insumos indispensables para trabajar la tierra, entre ellos insecticidas y otros productos necesarios para mantener los cultivos. En un escenario de elevados precios y bajos ingresos, cada uno de esos gastos aumenta la presión sobre los productores.

Para las familias artemiseñas, la preocupación es doble. Por una parte, está la posibilidad de que disminuya la producción local; por otra, que los alimentos disponibles lleguen al mercado con precios todavía más elevados.

El escenario también abre otras preguntas. ¿De qué vivirán los campesinos que no puedan asumir el precio del combustible? ¿Cómo garantizarán la producción y, al mismo tiempo, el sustento de sus familias?

La venta de combustible en dólares puede representar una nueva fuente de ingresos para el sector estatal, pero para los productores que no tienen acceso a esa moneda el efecto es diferente: trabajar la tierra se vuelve más costoso y, en algunos casos, puede resultar económicamente inviable.

Ahora queda por ver cuáles serán los efectos de esta medida sobre la agricultura artemiseña. El dato divulgado por la propia prensa oficial ya muestra una dificultad concreta: más de la mitad de los integrantes de una cooperativa consultada afirma no poder asumir el precio actual del combustible.

Mientras las autoridades anuncian nuevas medidas para transformar la economía, los campesinos enfrentan una pregunta mucho más inmediata: cómo conseguir los recursos necesarios para seguir produciendo. Y para los consumidores, la preocupación es igualmente concreta: cuánto terminarán pagando por los alimentos que lleguen a los mercados.

Publicado originalmente en la edición 269 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Majadero de Artemisa