Sancti Spíritus, Cuba, (ICLEP). Luisa Montero Guerra, anciana de 72 años y residente en Camino de las Cañas, vive en condiciones de total abandono dentro de una vivienda en avanzado estado de deterioro, cuya estructura permanece burdamente apuntalada para evitar un posible colapso.
La vida diaria de esta anciana, diagnosticada con esquizofrenia y epilepsia, transcurre en un entorno donde el peligro de derrumbe es una constante y la asistencia social, según vecinos y allegados, brilla por su ausencia. Sin medicamentos adecuados para su condición mental ni el apoyo diario que requiere una persona de la tercera edad, su caso refleja la situación de vulnerabilidad que enfrentan sectores de la sociedad cubana ante la crisis de la vivienda y la escasez de recursos.
Vecinos y allegados de la zona observan con impotencia cómo las paredes agrietadas y el techo vencido ceden poco a poco ante el paso del tiempo y las inclemencias del clima. La precariedad de su hogar no se limita al deterioro de la vivienda: la falta de una alimentación adecuada, de condiciones mínimas de higiene y de seguimiento médico especializado agravan su situación y la mantienen expuesta a un ciclo de desorientación y peligro físico constante.
"Esa pobre mujer está sola en este mundo y está enferma y con la casa apuntalada con palos para evitar que le caiga encima; deben ayudarla pronto", aseguró Matilde Arévalo Santana, vecina del lugar.
Noraida Crespo Montejo, delegada de la zona, explicó que este caso ya está en conocimiento de las autoridades del gobierno municipal y de seguridad social, pero hasta el presente no acaban de buscar solución a este caso.
Yesnelis García Escobio, trabajadora social de la comunidad, aseguró al medio que esta anciana requiere de un tratamiento médico urgente y arreglar su vivienda, porque vive en total peligro de ser afectada por un derrumbe de techo.
A pesar de que las normativas locales contemplan programas de atención a personas vulnerables y casos sociales críticos, la realidad de esta anciana del Camino de las Cañas demuestra la enorme brecha existente entre las políticas asistenciales y su aplicación práctica.
Publicado originalmente en la edición 231 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.