Sancti Spíritus, Cuba (ICLEP). Los altos niveles de música y los estridentes gritos de los animadores durante las actividades de verano en la Plaza Cultural de Olivos 1 han convertido la vida de los residentes del edificio 12 Plantas en un suplicio constante.

La contaminación acústica, que se extiende hasta bien entrada la madrugada, mantiene en vigilia obligada a familias enteras, que denuncian la ausencia total de descanso y el impacto estructural que el volumen desmedido genera en las edificaciones.

La cercanía de la Plaza Cultural con el complejo residencial provoca que, cada vez que se organizan eventos festivos o tarimas veraniegas, los vecinos sufran los estragos de un sonido descontrolado, por encima de los 50 decibeles, valor establecido como normal.

De acuerdo con los testimonios de los afectados, la situación se vuelve insostenible debido al horario prolongado y la potencia de los equipos de amplificación.

"El edificio se estremece de lo alto de la música. Los vidrios vibran, las paredes parecen ceder y es completamente imposible dormir o conciliar el sueño hasta altas horas de la madrugada. Los gritos del animador por el micrófono se meten en los apartamentos como si la fiesta estuviera dentro de la sala", relató con indignación una vecina residente en los pisos superiores del 12 Plantas.

"Es abusivo lo alto que ponen esa música, y hasta bien tarde en la madrugada. Nos hemos quejado hasta en el gobierno y no sucede nada", aseguró Madeleine Soto Cabrera, residente en el lugar.

Según refirió Osmel Carballo Sosa, médico de la comunidad, el exceso de ruido mantenido de manera sistemática puede generar cuadros de estrés agudo, fatiga crónica e irritabilidad, afectando especialmente a niños en edad escolar y adultos mayores que necesitan de un entorno tranquilo para recuperar energías.

A pesar de las constantes quejas elevadas por la comunidad ante las instancias correspondientes del territorio, los afectados denuncian una alarmante pasividad institucional para regular los límites de decibeles y hacer valer las normativas de convivencia y tranquilidad ciudadana durante el periodo estival.

Publicado originalmente en la edición 231 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.