La Habana, Cuba, (ICLEP) - Acuchillado mientras hacía la cola para comprar cigarros en el quiosco de la zona 5 en La Habana del Este, murió el viernes el joven Randy Domínguez, el segundo colero en menos de una semana, en lo que se considera un ajuste de cuentas entre revendedores, fruto del estado deplorable en que el régimen cubano tiene a la isla caribeña.
Junior Torres, vecino del occiso, dijo que este hecho pone el ojo sobre un fenómeno que no es nuevo, pero que va tomando mayores dimensiones en el medio de la crisis alimentaria que viven el país y la capital.
“La violencia se va convirtiendo en algo cotidiano en las largas y tortuosas colas que deben hacer los capitalinos para adquirir alimentos o cualquier otro producto”, añadió.
Ni las llamadas brigadas de lucha contra coleros ni la policía y mucho menos los gobiernos locales, dan abasto con un fenómeno que afecta la vida de todos, la descomposición social que generan las colas.
Publicado originalmente en la edición 176 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.