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Coronavirus, escasez y crisis: ¿Lo peor está por llegar?

Jorge Olivera

Apr 8, 2021 | 1:05 AM


Coronavirus, escasez y crisis: ¿Lo peor está por llegar?

Por Jorge Olivera

BOSTON, Estados Unidos. Si perturbadoras resultan las noticias que día tras día se generan al interior de Cuba en cuanto a escasez y represión, asusta mucho más pensar que lo peor está por llegar.

No hay manera de levantar la economía sobre la crónica falta de liquidez, provocada, entre otras cosas, por el sustancial declive del turismo internacional, la merma en el monto de las remesas desde Estados Unidos y el reforzamiento del bloqueo interno. También habría que añadir a la lista la impasibilidad de la administración Biden, ante la disyuntiva de aflojar embargo mediante la anulación de algunos de los decretos firmados por Trump o mantenerlos en vigor por tiempo indefinido.

Sin embargo, más allá de lo que decida el gobernante demócrata, el año en curso promete nuevos y más severos azotes existenciales para la gran mayoría de los cubanos de la Isla. La vigencia del coronavirus con sus rebrotes, confinamientos afines y sin garantías de controlarlo a corto plazo ofrece las claves para vaticinar la continuidad del desastre socioeconómico hasta niveles insospechados. No se avizora alivio alguno a una realidad que responde fundamentalmente a la actuación, mezquina y torpe del partido único y agravada por la pandemia que permanece estacionaria en casi todas las naciones del orbe.

¿Cuántas personas han muerto o estarán agonizando por causas asociadas a la explosiva combinación del hambre y los altos niveles de estrés? Desde que la COVID-19 hiciera acto de presencia en el territorio nacional en la primavera del año pasado, sus consecuencias en cuanto al impacto físico y psicológico han sido devastadoras, un hecho presumible pese a la ausencia de cifras oficiales al respecto.

Desde entonces, lo que era una vida más o menos llevadera en términos de aprovisionamientos básicos ha quedado en el recuerdo. Se acabaron los subsidios que, en cierta medida, ayudaban a suplantar las carencias y todas las demás medidas derivadas de un populismo que desde un inicio fue más rollo que película. Ahora, la igualdad social está marcada por la indigencia pura y dura.

El pan con una leve untura de aceite y sal y el arroz con un huevo frito o sancochado que tantas veces ayudaron a calmar los gritos desesperados del estómago vacío son en estos tiempos productos de lujo.

Asusta conocer que el cartón de huevos en el mercado negro que trae 30 unidades puede costar hasta 450 pesos (casi 20 dólares al cambio oficial de 24 por 1 dólar), una cifra cercana a la cuarta parte del salario mínimo de 2 100 pesos.

Comprar legalmente cualquier producto de primera necesidad se ha convertido en un calvario. Las aglomeraciones son cada vez más caóticas en las afueras de las tiendas, donde se exigen las tarjetas cargadas con dólares depositados desde el exterior y los comercios habilitados para la venta en pesos son una vergüenza con sus estantes semivacíos y vendedores sumidos en la pereza y el mal humor. Reina el desconcierto en cada rincón del país ante el avance de la miseria y el alza en el accionar represivo.

El crecimiento proporcional de ambas realidades invita a pensar en una paulatina aparición de brotes de violencia que pudieran tornarse inmanejables. De hecho, los índices de criminalidad han dado un salto cuantitativo y con tendencia a mostrar mayor crueldad. Los asaltos a punta de pistola y cuchillos, a plena luz del día, van dejando de ser acciones aisladas.

Paso a paso se fractura lo que queda del orden social impuesto. A falta de iniciativas racionales y comprometidas con la evitación de una catástrofe, los mandamases esgrimen el garrote. Una opción que parece irremediablemente la única en la mente de quienes detentan el mando absoluto del país.

El final de esta larga tragedia sigue siendo una incógnita. Mientras ese momento llega, nadie sabe cuándo ni cómo, los verdugos cumplen a cabalidad sus agendas y los rehenes tratan de mantenerse vivos con la idea de escapar algún día. La alternativa de rebelarse progresa entre las redes del miedo. El asunto es convertirla en un hecho concreto y masivo. Una tarea difícil, pero no del todo imposible.

 

Cortesía Cubanet

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