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Fundación para los DD.HH. en Cuba: “Es tiempo de que los que actúan como dueños absolutos de nuestras vidas abandonen el poder. No los queremos, no los necesitamos.

Imagen Fundación para los derechos Humanos en Cuba

Apr 13, 2021 | 12:15 AM


Miami, 13 de abril de 2021, (ICLEP) - “El VIII Congreso del PCC se va a celebrar en un país en que ese partido y su gobierno ya no mandan, sino obedecen a un minúsculo grupo mafioso que controla los principales recursos económicos, monopoliza el uso de la fuerza y decide el rumbo nacional e internacional del país”, aseguró en un comunicado la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba.

“El Congreso es paisaje, escenografía. La casta mafiosa controla esas instituciones, no a la inversa”, enfatizó

Esa élite de poder, según el comunicado, está presente en las instituciones del Estado, pero no se subordina ni es fiscalizada por ellas. Está situada fuera de todo control efectivo del Partido, la Asamblea del Poder Popular, el Consejo de Estado o la Controlaría general. Ante esa realidad, no es tiempo de pedir o seguir esperando reformas de instituciones estatales y partidistas que han sido despojadas de todo poder real de decisión. El poder político-militar es ejercido de forma totalitaria por esa casta que también ha acumulado un inmenso poder económico por medio de su control personal sobre GAESA.

Según la Fundación es necesario tomar las riendas de ese oligopolio, -que hoy tiene accionistas desconocidos, así como sedes principales y cuentas bancarias radicadas en el exterior.  GAESA es también una entidad vinculada a operaciones internacionales ilícitas con elementos criminales que comprometen el prestigio y la seguridad nacional del país. Esa entidad debe ser sometida a una auditoría estricta, transparente e independiente y sus recursos ser reorientados con urgencia hacia la crítica situación de los servicios de salud, producción de alimentos y medicinas.

¿Qué legado deja estos 62 años?, pregunta la ONG y responde: “Una sociedad con amplios sectores en la pobreza, con servicios de agua, salud, educación y transporte en ruinas. Con un déficit millonario de viviendas. Un pueblo azotado con multas y precios impagables por servicios básicos y alimentos. Una sociedad sometida a la dictadura más longeva del hemisferio occidental. Un país en ruinas controlado por un grupo de familias mafiosas que ostentan su opulencia ante un pueblo hambriento. No hay forma de maquillar esa realidad con discursos y doctrinas en el VIII Congreso del PCC”.

“El sistema vigente forma un todo integral que no puede reformarse selectivamente, por secciones, como un Frankenstein. Necesitamos libertad, democracia y estado de derecho. Sin estado de derecho no puede arreglarse la economía y sin libertad y democracia no pueden protegerse los derechos sociales de los menos privilegiados. El sistema actual resulta política y económicamente irreformable. Hay que reemplazarlo de forma integral. Y para ello también –entre todos- tenemos que reemplazar a la élite mafiosa con un gobierno legítimo. Cualquier reforma parcial bajo el control de la casta mafiosa solo servirá para prolongar la agonía de la sociedad”, advierte la Fundación para los Derechos Humanos.

Dice el texto que hoy queda claro que el sentir de todos los cubanos es Patria y Vida, y que ya estamos planteando cuestiones que resultan determinantes sobre nuestro futuro a corto, mediano y largo plazo. Sí, nuestro futuro, porque lo que está en juego en lo adelante es el futuro de todos los cubanos.

También plantea otras preguntas “obvias”:

¿Quiénes entregaron el país a intereses foráneos?

¿Quiénes destruyeron el aparato productivo nacional y condenaron a generaciones enteras a la pobreza y a la búsqueda de un mejor futuro allende los mares?

¿Quiénes persiguen el pensamiento libre, el arte y la esencia misma de la libertad, matando, torturando, encarcelando y desterrando a nuestros hermanos?

¿Quiénes permitieron que tropas y asesores de inteligencia extranjeras se establecieran en nuestro territorio patrio y luego ellos hicieron lo mismo en Venezuela?

¿Quiénes se aliaron con el narcotráfico internacional para lucrar del crimen enlodando el legado de Martí?

¿Dónde están los miles de millones de dólares que nuestras familias ahorran y envían a Cuba cuando nos entregan pesos cubanos devaluados? ¿Quién controla ese dinero y quiénes controlan a los que se apoderan de él?

¿A nombre de quiénes están las acciones de las empresas de GAESA y por qué sus sedes principales están radicadas en otros países?

¿Quiénes se robaron (y continúan robando) hasta el último dólar de esas empresas para llevarlos a paraísos fiscales, y a cuentas bancarias en el exterior fuera de todo control institucional?

¿Quiénes trafican con nuestros médicos, los exportan para esclavizarlos con contratos abusivos que niegan sus derechos laborales, les arrebatan el 80% de sus salarios, los obligan a trabajar de informantes contra sus propios pacientes y los exponen a la muerte mientras en nuestros hospitales se siente su ausencia?

¿Quiénes venden los medicamentos que produce la industria nacional al extranjero y luego mandan a destruirlos para justificar el cobro por atención a los falsos pacientes que reflejan sus adulteradas estadísticas médicas? Todo ello mientras nuestros seres queridos mueren por la falta de las medicinas más elementales en todos los hospitales y farmacias nacionales.

¿Quiénes son responsables hoy, seis décadas más tarde, del crecimiento constante de la pobreza, el abandono de los servicios públicos, la crisis de alimentos y medicinas que enfrenta el ciudadano de a pie?

La respuesta, dice la Fundación que también es obvia: los mismos que siguen pidiendo sacrificios al pueblo y se oponen a todo cambio importante mientras ellos viven a sus anchas.

La Cuba nueva, será de todos y para todos, sin distinción de piel, credo, ideología u opinión, la Cuba que construiremos entre todos; porque el cubano es cubano en La Habana y Pinar del Río, en Miami o Nueva York, en Tokio o en Madrid, señala el texto.

Señala la Fundación que somos una sociedad transnacional partida en dos por el sistema vigente. Los que quebraron nuestras familias, impidieron por muchos años todo contacto entre ellas y todavía nos tratan como ciudadanos de segunda clase han presentado el destierro como un foco de odio y revanchistas que aguarda el momento para arrebatarle al pueblo sus viviendas, escuelas y centros de salud. Hoy ya está claro que fueron ellos quienes convirtieron en ruinas esos servicios. Lo que ahora sostiene la economía de muchas familias en Cuba son las remesas que envían sus parientes desde el exterior. Aquellos que sin embargo todavía requieren un permiso –bajo el eufemismo de “pasaporte habilitado”- para poder visitar el país en que nacieron. Los cubanos no necesitamos que se nos predique reconciliación. Estamos reconciliados. Los que estamos en el exterior ayudaremos a reconstruirlos y levantar el millón de viviendas que hacen falta.

Podemos finalmente reunificar y reconstruir la Gran Nación cubana. Entre todos tenemos lo necesario para relanzar a Cuba en el mundo y comenzar de inmediato a revertir la pobreza y fomentar la prosperidad. No en 20 años, no en 25 años. En apenas 5 años Cuba será otra.

El pueblo cubano es solo uno y tenemos los recursos humanos, el talento, la iniciativa, las relaciones globales y los recursos financieros para alcanzar esa Cuba próspera para el bien de todos. Entre todos podemos construir ese futuro, y conectar finalmente Cuba al mundo del siglo XXI.

¡Se acabó! Ha terminado el tiempo de ir de congreso en congreso mendigando reformas reales y esperar al próximo a ver si se tiene mejor suerte.

Es tiempo de que los que actúan como dueños absolutos de nuestras vidas abandonen el poder. No los queremos, no los necesitamos.

Mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, blancos, negros, en la isla y el destierro. Hoy, ¡somos uno!, concluyó

 

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