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La multitudinaria protesta de poca gente

Madre cubana se planta, junto a sus hijos, encima de un colchón en plena calle de La Habana (Foto redes sociales)

Jun 4, 2021 | 12:00 AM


Publicado originalmente en la edición 166 del medio de comunicación comunitario del ICLEP Amanecer Habanero

La multitudinaria protesta de poca gente

Por el periodista ciudadano Frank Abel García

No siempre para significar un hecho o plantear una demanda hay que recurrir al volumen, al gentío. Ocurre en muchos puntos de la isla, con mayor magnitud en La Habana. No se necesita la acumulación de muchas personas ni de marcha multitudinaria por grandes avenidas para trasmitir una carga emotiva que toca la sensibilidad y el orgullo de todo un pueblo.

Es el caso de madres con niños pequeños, que no tienen donde vivir, usurpando locales; muchas veces locales estatales que han sido abandonados desde hace años. Acciones que muestran que el país no anda bien. Que se necesitan cambios urgentes.

En la edición 164, que se publicó el 30 de abril, reporteros de este medio informativo cubrieron dos hechos extraordinarios. Uno más insólito que otro. El primero, un grupo de madres con sus niños pequeños, una de ellas en cinta, había penetrado en un local abandonado de la calle Muralla, en Habana Vieja. Estas madres no tenían donde vivir.

El otro hecho, que por connotación ocupó primerísimos lugares en lo más descargado de las redes sociales, laceró aún más la sensibilidad de los cubanos: una mujer con su pequeña hija plantó un colchón en señal de protesta en plena avenidas del Cerro. Incluso, a riego de la vida: los carros continuaban pasando a toda velocidad junto a ellas. Se trata de otra madre sin hogar, desesperada.

En estos casos, y en los muchos que se han dado de usurpación de locales, las protagonistas son madres abatidas. Porque hay que estar verdaderamente desesperado para mostrar al mundo la miseria en que se vive; y, todavía más, para poner en peligro tu vida y la de tu hija en una manifestación solitaria. Son ejemplos donde las personas echan a un lado el pudor debido al sinsentido de la tragedia que viven.

Ese es el legado de promesas rotas, incluso, aún vigentes en la actual constitución: “cada cubano tiene derecho a una vivienda digna”. Es como para reír, de la misma manera en que el régimen ríe en la cara de estas madres desesperadas. Es meritorio comentar estos casos que recientemente inundaron las redes sociales, no pasar por alto estos hechos, por una razón: continuarán pasando.

Debido a la profunda crisis habitacional que experimenta el país un número creciente de cubanas y cubanos se han visto forzados a ocupar locales estatales abandonados. Estos hechos, unidos a la ineptitud de régimen, son inevitables y lamentablemente continuarán sonando. Solo que en cada uno de ellos va la más descarnada protesta de la que se tenga conocimiento: la protesta de las madres.

Algo debe ocurrir, un sacudión gigante, para que las aguas tomen su nivel y las madres cubanas recuperen su dignidad. No hay pasaje escondido, basta un dedo acusador, uno solo, el de una sola madre que prefiere perder la vida junto su hija en una calle transitada de la capital, para que desde una sola persona la protesta se convierta en multitudinaria. Tan gigante que arrase con el corazón de la gente.

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