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El colapso del régimen cubano es evidente

Foto de Jason Gamble en Unsplash

Por la periodista ciudadana Mirtha Noyola

Mar 10, 2024 | 10:35 AM


No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, reza un refrán popular y es una gran realidad, si de la realidad sociopolítica de Cuba hablamos. Desde hace más de 60 años los cubanos han sido víctimas de un sistema político autoritario y dictatorial, que ha consumido las esperanzas y sueños de toda una nación y que violenta los más elementales derechos de sus ciudadanos.

Décadas de miserias, carencias y violencias han marcado el día a día de los cubanos. Miles se han visto forzados a abandonar la isla y otros muchos permanecen encarcelados por alzar sus voces de protestas, pero esa triste realidad hoy ha comenzado a cambiar.

El régimen ha agotado todas sus posibilidades de seguir ejerciendo su política violenta y está dando muestra del colapso total de la estructura económica y política que lo ha sostenido. Con una economía completamente devastada, sin esperanzas de restablecerse y con una crisis del poder político, manifestada en el fracaso de un discurso oficial demagógico, cuestionado por lapoblación, los portavoces del sistema ya no pueden continuar ejerciendo el control total sobre los cubanos.

Las torpes consignas de "resistencia creativa" y "si se puede", son sencillamente palabras huecas que ya no logran controlar las ansias libertarias de millones de hombres y mujeres del pueblo, que han dicho basta y exigen un cambio como única solución a la crisis que se vive.

Ni las supuestas visitas de la dirigencia oficial del régimen a las diferentes provincias y municipios, ni las promesas de mejoras y soluciones a los problemas que existen, logran crear un clima de confianza hacia los gendarmes de la dictadura.

Cada cubano que ha experimentado el engaño oficialista y las tantas promesas incumplidas, reconoce hoy que prometer es parte de la política de manipulación oficialista, poco digna de crédito. Cuando un pueblo se une buscando cambios y libertad, nada lo puede detener, porque al final son los pueblos y no los líderes políticos los que determinan el futuro de una nación.

Publicado originalmente en la edición 175 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano

 

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