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Padres de De la Peña hacen una alerta al Movimiento San Isidro

Mario de la Peña / Imagen cortesía Diario Las Américas

Feb 27, 2021 | 12:30 PM


Publicado originalmente en Diario Las Américas

 

Por Daniel Castropé

MIAMI. - Durante los 62 años que ha permanecido el régimen dictatorial en Cuba, ha habido individuos y movimientos dispuestos a luchar por el restablecimiento de la democracia en esa nación, incluso exponiendo sus vidas.

Por estos días, uno de los grupos que más ha avanzado en esa compleja misión ha sido el Movimiento San Isidro, integrado por artistas independientes y activistas que se han enfrentado a las fuerzas represoras, en disímiles situaciones y escenarios.

Pero hace más de un cuarto de siglo, había un grupo integrado por exiliados y cubanoamericanos nacidos en el sur de la Florida, donde se concentra un gran número de la nación cubana radicada en EEUU, que tomaron como suya la misión de auxiliar a miles que huían de la isla.

Esas personas, que piloteaban avionetas civiles pertenecientes a la organización Hermanos al Rescate o acompañaban en esas labores de salvamento, se jugaban la vida en cada vuelo por ayudar a quienes lograban escapar de la dictadura más larga en la historia del hemisferio occidental. De hecho, en 1996 cuatro integrantes de esa organización fueron masacrados en el aire, en aguas internacionales, cuando sobrevolaban el estrecho de la Florida.

Un trabajo peligroso

Una de las cuatro víctimas del atentado a las avionetas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996 fue Mario de la Peña, un joven de 24 años, nacido en EEUU de padres cubanos exiliados, que alternaba sus prácticas en American Airlines, con su participación en las misiones de ayuda a cubanos en su tránsito hacia la Florida.

Al cumplirse 25 años del trágico hecho, su padre, Mario de la Peña, asoció los riesgos que asumía su hijo cada vez que tomaba el timón de una aeronave con los que afrontan los miembros del Movimiento San Isidro, que han tenido el valor de protagonizar manifestaciones públicas en lugares como el Ministerio de Cultura en La Habana.

“Conociendo la naturaleza del régimen”, aseguró De la Peña, es “bueno el trabajo que vienen haciendo estos muchachos” y, a la misma vez, afirmó, “es algo muy peligroso porque sabemos lo que son capaces de hacer esos sujetos de la dictadura”.

“No me cabe la menor duda de que podrían hacerles algo similar a lo que les hicieron a mi hijo y a los otros muchachos de Hermanos al Rescate”, advirtió De la Peña.

Los “marxista-leninistas” que gobiernan a Cuba, afirma De la Peña, son muy “hábiles” para crear “situaciones falsas”, justificarlas en el “momento adecuado” y tratar de demostrar que “no son responsables” de sus actos.

“Pueden actuar de aquí a tres meses, no enseguida. Por ejemplo, como hicieron con la desaparición de Oswaldo Payá, como atacaron vilmente a Hermanos al Rescate o como acabaron a Concilio Cubano”, recordó.

“Algo que no se puede olvidar”

Por su parte, Miriam de la Peña, madre del joven asesinado, comparte con su esposo el temor de que el régimen castrista pueda arremeter contra el Movimiento San Isidro y se remontó a los duros momentos que vivió su familia desde el 24 de febrero de 1996.

Esta madre no desea que se repitan en la isla circunstancias que traigan muerte y dolor, como el derribo de las dos avionetas. “Han pasado 25 años y tal parece que fue ayer. Una masacre de esa índole, que involucra a un ser querido, jamás se borra de la mente”.

Entre las cosas que no olvida, se cuentan los “sonidos” que hizo “con sus dedos [chasquidos]” el joven Mario, cuando la noche anterior a la misión recibió una llamada avisándole que volaba al día siguiente.

Tampoco ha podido borrar de la memoria los “ruidos de los gabinetes” de la cocina cuando el muchacho preparaba el desayuno, “muy temprano”, antes de salir rumbo al aeropuerto de Opa-locka, ciudad localizada al norte de Miami-Dade, desde donde saldrían las avionetas.

Mario Jr. salió de casa a las 6:30 am y llamó a su madre a las 11:00 am. “El día estaba muy claro, pensé que ya estaba de regreso. Me dijo que todavía no habían podido salir. Eso fue lo último que hablamos”, rememoró.

Miriam y su esposo Mario fueron avisados a las 3:00 pm aproximadamente de que se había perdido el rastro de dos avionetas, una piloteada por su hijo, quien viajaba acompañado por Armando Alejandre Jr.

La noticia

Mario de la Peña había volado en 98 misiones. La última sería la 99 como miembro de Hermanos al Rescate, organización conformada en 1991 por el exiliado cubano José Basulto, cuya labor consistía en auxiliar a los balseros que intentaban llegar a Estados Unidos.

Al ser advertidos de que “algo andaba mal”, los padres de Mario se desplazaron hasta el hangar de la organización en el aeropuerto de Opa-locka. “Nadie nos decía claramente lo que había pasado. Así estuvimos varias horas”, recuerda Miriam.

Cuando ya había caído la noche, “mucha gente estaba afuera del hangar. Una reportera se acercó y me insinuó que mi hijo estaba muerto. Una monja amiga de la familia le dijo que eso no estaba confirmado. Ya había salido por televisión que dos avionetas habían sido derribadas en el aire”, indicó.

Las esperanzas de volver a ver con vida a Mario se diluyeron al día siguiente cuando los esposos De la Peña escucharon a través de la televisión el testimonio del pasajero de un crucero que aseveró haber observado el “humo de las avionetas”.

“Yo estaba de pie delante del televisor; fue algo muy horrible”. A la memoria de su hijo y los demás jóvenes masacrados, Miriam y Mario De la Peña reclaman justicia.

 

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