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Las pintas oscuras del racismo cubano

Mary Karla Ares

Por la periodista ciudadana Mary Karla Ares

Oct 27, 2021 | 10:23 AM


La Habana, Cuba, (ICLEP) - Tener hermético un asunto tan delicado como el racismo es casi imposible, por algún ribete saltan las pintas. Se escapan por más cuidado que se haya tenido. Esto ha sucedido con la visita a la isla del presidente de Vietnam el pasado 19 de septiembre. ¿Por qué, el distinguido foráneo no fue recibido por Salvador Valdés Mesa? Como vicepresidente en ausencia de presidente de la República, él, según protocolo, es quien debe asumir. Díaz-Canel estaba para México en visita oficial. Aquí hay algo enmarañado, una situación que la gente no percibe con entera claridad.

Pues no, cuando se ahonda armados de las mismas herramientas que utiliza el régimen cubano, no resulta tan complicado dar con la respuesta. Es sencillo, como parte de la doble moral que define el modus operandi de la dictadura la mayoría de las decisiones carecen de legitimidad, son falsas. En pos de vender al mundo que en Cuba no existe el racismo desde lo institucional se designan puestos que no responden a competencia de los designados a dedos, más bien, se persigue un ficticio equilibrio de color, dígase razas, en los altos puestos del poder en la isla caribeña.

Con la visita del presidente de Vietnam el régimen dejó claro que Mesa como vicepresidente es globo inflado. Tan es así, que lo tienen alejado, dando tumbo lleno de juanetes –por televisión se aprecia el tumbao de buey cansado cuando camina– de cooperativa agraria en cooperativa por todo el país. Algo así como para que se gane los frijoles; una función por donde justificar el alto salario de vicepresidente. El anciano cumple con el mandato, pero deja brechas cuando toma el micrófono y a eso es a lo que se le teme para empeños mayores.

No obstante, había rentas para pasar gato por liebre si la visita del foráneo a la isla respondía más a temas económicos que a políticos: que recibiera Valdés como le correspondía por protocolo, unido a Marrero, y que luego el primero de los ministros se hiciera cargo del pastel asiático; porque nadie duda que lo van a desplumar y bien desplumado, como acostumbra el régimen a enredar a los amigos. Es un milagro si el asiático logra conservar los calzoncillos cuando se marche. Los rusos y chinos han aprendido la lección y usan cinturones de castidad en cada visita. Mucha amistad y apoyo frente al imperio yanqui, pero de aquello nada: ya no sueltan un quilo.

Es cierto que en una sociedad la raza no debe ser impedimento para nada. No es frase sobrante ni gastada que ante Dios todos los seres humanos somos iguales, pero el que ocupe un cargo de tanta responsabilidad en la conducción de un país en quiebra debe ser alguien con todas las de la ley para desempeñar dicha responsabilidad.

Hay sitios donde la doble moral tarde o temprano salta a la vista. Igual pasa con quien comanda el parlamento cubano. Color por color no es garantía de nada, así sea verde el candidato. Al final, cuando algo no es genuino en algún momento el asunto brinca más que un chivo en celo. Nunca antes en una visita saltaron tan claras las pintas oscuras del racismo cubano.

 

Publicado originalmente en la edición 175 del medo de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.

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