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Líderes comunitarios cubanos de papel maché

Mary Karla Ares

Por la periodista ciudadana Mary Karla Ares

Nov 1, 2021 | 10:15 AM


Hoy, en Cuba, el descrédito de la figura pública está más asociado a lo que dice que a lo que hace. Las acciones son más esporádicas y discretas, las palabras abundan y se utilizan para confundir o mentir. En las últimas jornadas el presidente a dedo, todos saben de quien se trata, ha estado alardeando se supuestas reuniones con líderes comunitarios. Acto seguido, una riada de confusión recorrió el país: a qué se refiere el mandatario cuando habla de líderes comunitarios. Parece una burla. No por ser términos desconocidos para la inmensa mayoría de los cubanos, sino porque se trata de una burda mentira. Tal cosa, no existe ni nunca ha existido en la isla. La única explicación sería el modelaje de última hora de algunas marionetas adaptables con papel maché en ciertos barrios.

Para comenzar, los únicos que pudieran aproximarse remotamente, casi por lo último del infinito a la idea de un líder comunitario, serían los delegados de barrio del poder popular; como todos saben, más bien impuestos y no como consecuencia genuina del sentir popular. Como estos delegados no pintan ni dan color, ya que no tienen manera humana posible de resolver el más mínimo problema a sus supuestos electores, son meras figuras decorativas. Lo único que hacen es mandar a los vecinos, porque ellos, imaginando el resultado de la gestión ni van, al consejo municipal de la administración. Total, la gente no va para no perder el viaje en los calvarios de las guaguas.

No obstante, si por alguna remota casualidad en un ataque de samaritano trasnochado a algunos de estos sujetos puestos como delegados de barrio se le ocurriera salirse del libreto lo desaparecen. Una de las cuestiones más, pero sumamente más perseguidas por la dictadura desde hace 62 años, son las características de líder entre la población. Personas que en un momento determinado puedan arrastrar pueblo; quien lo ha intentado, incluso hasta por ingenuo, todavía lo andan buscando. Salió un día y no regresó. Se fue para Jamaica, y sin avisar a nadie.

Con respecto a las organizaciones religiosas, las que más han prosperado en cuanto a tener un cabeza de grupo son las de naturaleza sincrética, asociadas al oscurantismo, la ignorancia y a los barrios marginales; así se pensaba desde el poder, que nadie se llame a engaños. Hace tres décadas decir santero era sinónimo de brujería, de personas no muy bien aceptadas. Sin embargo, aun así y después de cierta aceptación oficial, las organizaciones de este tipo que preocupan al poder son penetradas a tronco por la seguridad del estado. Con los cristianos, católicos, etc., pasa lo mismo: quien juega bajo las reglas de la dictadura es aceptado regañadientes, los mastican, pero no lo tragan; quien no, la organización que muestre rebeldía es proscrita.

Por tanto, la nota publicada el 12 de agosto referida a que el presidente se había reunido con líderes comunitarios de equis barrios, para dar la sensación de un fenómeno que no existe ha caído como un balde de agua fría. Primero, porque no se debe dar impresión de una democracia de barrio que no consta; y lo otro, el fenómeno en Cuba, lideres comunitario, nunca ha existido; incluso, los términos son desconocidos.

Nadie duda que el 12 de agosto, minutos antes de que se diera la nota, que más bien parecía llegada de Marte, en el noticiero de la televisión, espacio que ya está pidiendo a gritos decreto-ley 35, sí hubiera reunión, sería fabricada como urgencia mediática hacia el exterior luego de los sucesos del 11 de julio; solo que los líderes comunitarios que asistieron fueron moldeados minutos antes con papel maché.

 

Publicado originalmente en la edición 176 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.

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