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La dignidad de los cubanos no permite callar

Foto de Ricardo IV Tamayo en Unsplash

Por el periodista ciudadano Lidier Pérez

Nov 3, 2023 | 10:00 AM


El escritor cubano Dagoberto Valdés Hernández, sentenció en su libro Cuba: hora de levantar cabeza: "La indolencia es la muerte de la conciencia. Si la verdad no duele, ni el amor que cura duele, algo muy profundo e importante ha muerto en nosotros. Un daño muy grave ha gangrenado el cuerpo social.

Si el espíritu de cada persona y el alma de la nación se ven constreñidos al círculo de una sola ideología, de una sola religión o de un solo proyecto políticosocial, la jaula puede ser de oro, pero el alma se puede secar". Palabras acertadas para estos tiempos, donde la inercia política, ni el silencio pueden ser los protagonistas.

Para una Cuba que sufre las voces de todos sus hijos cuentan y son necesarias. Callar cuando es obligado hablar es imperdonable.

No se le perdona al cubano digno, como dijera Martí, permanecer en silencio cuando un hermano suyo sufre. El tiempo no permite esperas, levantarse y alzar la voz contra lo injusto y exigir una vida donde la dignidad y la libertad reinen es una obligación. La libertad de elegir un país mejor, no puede ser condicionada por una ideología dominante, que impone los destinos de la nación.

El concepto martiano de una república democrática con todos y para el bien de todos, es el ideal a conquistar, y no una república donde unos pocos viven mientras multitudes perecen cada día. Las palabras de este escritor cubano son una realidad que todos debemos considerar con mucho cuidado.

Mientras se viva con un solo proyecto sociopolítico como el impuesto durante más de 60 años el pueblo cubano vivirá prisionero, para algunos podrá parecer una jaula de oro, pero para la mayoría es una jaula dura cuyos barrotes se cierran cada día más. El miedo a hablar no puede ser el factor común que domine en la vida de la nación que sufre.

La dignidad de los cubanos no puede permitir que el alma de la nación se seque. Son tiempos, como decía el Apóstol, de la marcha y el recuento unido, en torno a la verdadera libertad de los cubanos.

Publicado originalmente en la edición 167 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano

 

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