Hay remedios que llegan a ser peores que la enfermedad, sencillamente porque quien los receta, lejos de ser un médico, resulta un veterinario. Esta es una verdad irrefutable que aplica a la nueva medida económica impuesta por el régimen cubano en días recientes, con el supuesto objetivo de solucionar el descalabro financiero que vive el país.
La nueva tasa de cambio aprobada el pasado 18 de diciembre e impulsada por el Banco Central de Cuba, destinada a corregir las distorsiones de la economía nacional y contener la inflación, nace condenada al fracaso. El esquema propuesto, basado en la coexistencia de tres tasas de cambio en el mercado de divisas, no solo no garantiza frenar la devaluación del peso cubano, sino que —según analistas independientes— podría agravarse en determinados sectores hasta superar el 242 %.
Esta fragmentación cambiaria, lejos de propiciar una unificación financiera real, introduce mayores distorsiones y alimenta un proceso de hiperinflación, al intentar priorizar un sector estatal que hoy se encuentra inmerso en una crisis estructural profunda. Aunque los portavoces del régimen aseguran que la medida permitirá estabilizar el mercado a mediano plazo como parte del denominado Programa de Estabilización Macroeconómica, su efectividad resulta altamente cuestionable, al no estar respaldada por una reforma integral del sistema económico, cuyo colapso es evidente.
Además, la viabilidad de esta política depende de la disponibilidad sostenida de divisas para respaldar las transacciones, un factor estrechamente ligado a la captación y control de las remesas. Sin embargo, en el contexto actual, el régimen carece de la capacidad real para garantizar ese flujo, lo que podría conducir, en el corto plazo, a una mayor contracción económica.
El impacto socioeconómico de esta medida, sumado a la continua devaluación del peso cubano, provocará un encarecimiento aún mayor de las importaciones esenciales, como alimentos, medicamentos y combustible. Este escenario resulta especialmente grave para un país que depende en más de un 70 % de las importaciones y cuyos efectos, como ya es habitual, recaerán con mayor fuerza sobre la población. De acuerdo con varios analistas, la nueva tasa de cambio ignora factores estructurales clave, entre ellos el elevado déficit fiscal, la escasez crónica de divisas y la baja productividad.
En opinión del destacado economista cubano Pavel Vidal, residente en Colombia, sin diversificación económica ni control de las emisiones monetarias sin respaldo productivo no hay forma de eliminar la inflación, por lo que se requerirían paquetes integrales que incluyan subsidios focalizados y aperturas al sector privado.
Una evaluación objetiva de esta medida conduce a la conclusión, sin temor a equivocarnos, de que se trata apenas de un parche incapaz de contener la inflación; por el contrario, todo indica que contribuirá a profundizarla.
En un país donde las fuerzas productivas permanecen asfixiadas por un sistema de relaciones de producción controlado y distorsionado por un modelo político e ideológico agotado, resulta imposible que cualquier proyecto o medida económica logre resultados favorables. Es doloroso reconocerlo, pero bajo el actual régimen cubano no existen condiciones reales para implementar cambios o mejoras que dignifiquen la vida de la población y respondan verdaderamente a sus necesidades.
Publicado originalmente en la edición 216 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.
En 1959, cuando los rebeldes tomaron el poder en Cuba, encontraron una economía pujante y 254 centrales azucareros que situaban a la isla entre los primeros productores de azúcar a nivel mundial.
Los centrales molían a máxima capacidad y la tierra se labraba, sembraba, cultivaba y cosechaba sin contratiempos. Se producían alrededor de cinco millones de toneladas de azúcar al año en esa época; hoy, a duras penas se sobrepasa el medio millón, con los 22 centrales que quedan en pie.
Actualmente, sin centrales, sin caña y sin trabajadores para cortarla, los dirigentes revolucionarios continúan ensimismados en sus sueños partidistas y planes surrealistas, como la inversión de 186 millones de dólares llevada a cabo en el central azucarero Ciro Redondo para instalar una planta de biomasa con capacidad de 65 MW, que ahora no se puede operar. La planta fue diseñada para procesar bagazo y marabú; sin embargo, tiene un gran problema: la industria azucarera está muerta, no hay bagazo ni tampoco marabú.
Los niveles de siembra de caña han caído estrepitosamente. En estos momentos, solamente 11 de los 22 centrales que existen están operativos en la presente zafra, y cabe hacerse la pregunta: ¿cómo y cuándo se van a recuperar esos 186 millones de dólares invertidos? ¿Alguien tuvo en cuenta el caos que hay en la industria azucarera cubana antes de realizar esa inversión millonaria?
La capacidad de fantasear del régimen cubano no tiene límites. El plan para 2030 es alcanzar el 37 % de la capacidad de generación eléctrica mediante energías renovables a través de la industria azucarera. Resulta alucinante la manera en que se inflan planes con metas imposibles y luego se consignan en informes triviales que terminan olvidados en una gaveta.
Cuando decimos que solo 11 centrales azucareros están haciendo la zafra de 2025, la vergüenza nos copa los sentidos. Ni en tiempos de la colonia existían tan pocos ingenios ni la producción era tan baja. La Revolución encontró a su llegada 254 centrales operando a toda máquina; hoy son apenas 11, con resoplidos enfermizos en sus chimeneas desgastadas por los años de uso.
“El año 1970 marca la ruptura del azúcar en Cuba”, expresó Harry Valdivia, matemático y economista retirado que trabajó durante muchos años como asesor en el Ministerio de la Agricultura y vio lo que se venía encima con la famosa zafra de los 10 millones, ideada por Fidel Castro.
“Fidel intervino en todas las aristas de la sociedad y en todas dejó un daño irreversible, sobre todo en la zafra azucarera, donde de una manera muy desorganizada y a capricho quiso hacer 10 millones de toneladas, pero solo llegó a ocho y medio, a un costo horrendo. El esfuerzo desencadenado para conseguirlo produjo un estrago tan profundo en la sociedad y en la economía que la dejó herida de muerte”, señaló el economista.
Publicado originalmente en la edición 267 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.
Después de la última desconexión del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), el déficit en la generación de energía se ha incrementado en Cuba, lo que ha provocado que los apagones arrecien de manera inevitable. Aun así, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, anunció nuevamente, durante una entrevista concedida a Granma, una posible mejora en la generación de energía eléctrica en el país para el próximo año.
¿Pero cómo creer que eso va a suceder? En primer lugar, ya van varios días en los que el déficit de generación supera los 2 000 megawatts. A esto se suma que diariamente la Unión Eléctrica informa sobre roturas y salidas de servicio de unidades en las diferentes termoeléctricas del país, con dos o tres fallos de este tipo cada día.
Los tan promocionados parques solares y las energías renovables están lejos de cumplir un papel relevante en el país, sobre todo considerando que los primeros no acumulan energía y solo aportan al SEN durante el día. Sin embargo, el jefe de esa cartera afirma que ambas jugarán un papel importante en la recuperación del SEN en 2026.
Ante la ineptitud del Gobierno cubano, recuperar la capacidad de generación eléctrica se ha convertido en una misión internacional. China, Vietnam, Rusia, México y Qatar —este último con un apoyo de 4,5 millones de dólares destinados a tres provincias— se han sumado a la tarea. Pero los millones de dólares y los barcos de petróleo enviados por estas naciones parecen desaparecer en la nada, mientras la población sigue sin electricidad, en ocasiones durante casi 24 horas al día.
Hay que reconocer que la cantidad de vehículos eléctricos que circulan en el país ha incrementado la demanda, pero esto no es más que otra pifia gubernamental por no prever que con el aumento de este tipo de transporte la demanda energética se dispararía. Para eso, el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias han encontrado ya una solución, risible pero solución al fin: una electrosolinera en Sancti Spíritus, en la que se puede cargar un vehículo que solo brinda servicio a los pocos microbuses fabricados en esa provincia para “mejorar” el transporte urbano. En fin, la luz está lejos de verse.
Lo prioritario es prioritario, mientras los policlínicos y otros centros de salud se quedan a oscuras, la población queda incomunicada por la falta de baterías en las antenas repetidoras, y miles de familias se ven obligadas a cocinar con carbón. En La Habana, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano se desarrolla a toda luz, con conciertos nocturnos incluidos como parte del Habana Mambo. Un despliegue de luces mientras prácticamente toda la isla permanece apagada.
Las noches a oscuras en Cuba parecen no terminar y el saco de promesas incumplidas sigue llenándose. Ojalá sea cierto que habrá una mejoría y no ocurra como en 2024 y 2025, cuando la situación del SEN se agravó. Porque el pueblo cubano necesita corriente, una nueva luz… y libertad.
Publicado originalmente en la edición 250 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Majadero de Artemisa
Hay conmemoraciones que no pueden pasarse por alto, aun cuando no se celebren con el gozo y la alegría que merecen. Una de ellas es, sin duda, el Día Internacional de los Derechos Humanos, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, con la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este documento, compuesto por 30 artículos, establece los derechos fundamentales inherentes a todo ser humano, independientemente de su origen, y que los Estados están obligados a respetar y garantizar.
Eleanor Roosevelt, una de las principales impulsoras de esta Declaración, afirmó: “Los derechos humanos son como un escudo que protege a todos, independientemente de su origen o creencias”. Sin embargo, esta afirmación dista mucho de hacerse realidad en Cuba, donde esta fecha tan significativa no convoca a la celebración, sino al dolor de constatar, una vez más, la existencia de un régimen totalitario que viola de manera sistemática la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Desde distintos escenarios internacionales y a través de organizaciones comprometidas con la defensa de los derechos humanos —como Prisoners Defenders, Amnistía Internacional, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos y el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP), entre otras— se documentan y denuncian de forma constante las violaciones de derechos fundamentales cometidas por el Estado cubano.
En las cárceles de la Isla, más de mil cubanos permanecen privados de libertad en condiciones inhumanas y bajo un régimen penitenciario abusivo, únicamente por participar en protestas pacíficas contra la dictadura o ejercer su derecho a expresar libremente sus ideas. Se trata de ciudadanos sometidos a humillantes vejaciones y maltratos, recluidos en celdas que carecen de las mínimas condiciones higiénicas, expuestos de forma constante a torturas físicas y psicológicas, con una alimentación insuficiente y, en muchos casos, privados de la atención médica necesaria. Estas prácticas han provocado incluso la muerte de varios prisioneros.
La situación del resto de la población cubana tampoco resulta alentadora en materia de derechos humanos. Los ciudadanos viven bajo la permanente restricción y penalización de libertades fundamentales como la de reunión y asociación. Las manifestaciones públicas pacíficas —un derecho reconocido universalmente— son criminalizadas por el régimen, y quienes participan en ellas son sometidos a procesos judiciales amañados y condenados a penas de prisión por tribunales carentes de independencia.
El escenario actual de la Isla, en lo que respecta a los derechos humanos, dista enormemente de la realidad que la mayoría de los cubanos anhela. Aún queda un largo camino por recorrer, que exige voluntad, unidad y compromiso cívico con el objetivo de hacer valer aquellos derechos que dignifican al ser humano y le garantizan su verdadera libertad. En una fecha como esta, solo queda reafirmar el compromiso político y ciudadano de continuar luchando hasta que cada cubano pueda ejercer plenamente los derechos que le son inherentes como ser humano y que hoy continúan siendo ultrajados por el régimen.
Publicado originalmente en la edición 215 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.
Son las 3:00 de la madrugada y a pesar del frío y la intermitente llovizna, varios ancianos sentados en taburetes o en el contén de la acera hacen la cola de los medicamentos frente a la farmacia de Jaimanitas.
Esta misma escena se multiplica por mil en todas las farmacias del país. La escasez de medicinas y los problemas con la distribución de los medicamentos empujan a las personas que dependen de fármacos, a largas madrugadas de espera para garantizar un turno y poder comprarlos.
Nidia Díaz, de 80 años y jubilada del sector del Comercio, tiene una lista donde anota a los que llegan para hacer la cola. Dice que la cantan a las 4:00 y a las 6:00 de la mañana, cuando amanece. “Las farmacias la surten cada 15 días, pero nunca llegan los medicamentos completos y no alcanzan para todos. Por eso es necesario pasar la mala noche para poder comprar”, refiere.
También revela que hay medicamentos que no llegan a la farmacia desde hace meses y los necesitados tienen que comprarlos en los grupos de WhatsApp, donde aparece de todo pero a precios inalcanzables, “sobre todo para los viejitos que viven de la pensión, que es poca y no alcanza ni para empezar”.
El Observatorio de Derechos Humanos realizó una encuesta en 2022, donde el acceso a los medicamentos resultó uno de los más graves problemas de los cubanos. De un 61% de los encuestados que necesitó medicamentos ese año, ocho de cada 10 no lo encontraron en las farmacias. El Grupo BioCubaFarma suministra el 58,8% de los medicamentos que forman el cuadro básico del país y cuenta con 14 empresas ubicadas en el extranjero, desde las cuales también se envían medicamentos a la isla.
El Gobierno cubano, cuando se refiere al tema de la escasez de medicinas en el país, nunca va a la raíz del problema sino que se queda en las ramas; ofrecen como respuesta dificultades con la adquisición de materia prima, el bloqueo norteamericano, la interrupción del comercio debido a la covid-19 o la invasión a Ucrania.
Ante la escasez de suministros en las farmacias, se ha creado un mercado virtual en las redes sociales, donde las personas ofrecen comprar, vender o intercambiar medicamentos. Grupos en plataformas como Facebook, WhatsApp y Telegram han surgido como espacios alternativos para cubrir las necesidades de la población y pueden encontrarse incluso segmentados en provincias y municipios en todo el país.
Comienza a amanecer. Los ancianos con las piernas entumecidas y sus dolores multiplicados por la mala noche se agolpan alrededor de Nidia, que con su cascada voz de 80 años comienza el pase de lista.
“En el pase de lista de las 4:00 de la mañana hubo 11 fallos. Voy a comenzar a cantar, así que abran bien los oídos y respondan bien alto, para oírlos, porque siento que tengo la presión a mil y la azúcar baja”, dice finalmente la anciana.
Publicado originalmente en la edición 266 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.
El mes de noviembre comenzó lleno de acontecimientos para Latinoamérica. La suspensión de la Cumbre de las Américas, prevista para celebrarse en diciembre en Punta Cana, República Dominicana, debido al complejo contexto en el continente que ha generado grandes diferencias y ha obstaculizado el diálogo, marcó el inicio. Esto último quedó evidenciado en la fallida Cumbre de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac) - Unión Europea (UE), realizada en Santa Marta, Colombia, a la que asistieron solo nueve jefes de Estado; y en la investidura de Rodrigo Paz como presidente electo de Bolivia. Dos hechos que dejaron claro que el consenso político en la región está lejos de lograrse.
El onceno mes del año también ha traído resultados electorales. El día 16, en Chile se efectuó la primera vuelta de las elecciones presidenciales. La candidata izquierdista Jeannete Jara se hizo con la victoria por un margen cerrado sobre José Antonio Kast, del Partido Republicano, pero con una cantidad de votos insuficientes para ganar en primera vuelta. La segunda vuelta debe realizarse el próximo 14 de diciembre; ese día se decidirá si Jara, representante del Partido Comunista de Chile, gana la presidencia —lo cual podría significar una radicalización política en el país sudamericano— o si Kast se impone y Chile evita convertirse en otra Cuba.
En Ecuador, la consulta popular convocada por el presidente Daniel Noboa fue un fracaso para el mandatario más joven de la región. Los ecuatorianos dijeron no a las cuatro preguntas que aparecían en las boletas, un hecho celebrado por el expresidente Rafael Correa. Una de las preguntas era si los ciudadanos estaban de acuerdo con la instalación de una Asamblea Constituyente, y la Carta Magna vigente fue aprobada precisamente durante el mandato de Correa.
Pero para la izquierda las cosas están lejos de ser favorables. Ese mismo fin de semana, miles de jóvenes de la llamada Generación Z salieron a las calles de México a protestar. Los manifestantes acusaban al gobierno de Claudia Sheinbaum de ser un narcoestado, y la respuesta fue una brutal represión. El gobierno mexicano, junto a los de Nicolás Maduro y Gustavo Petro, se ha negado a colaborar con la ofensiva contra el narcotráfico impulsada por Estados Unidos.
Por último, el 30 de noviembre Honduras debe elegir presidente, en unas elecciones marcadas por las denuncias de intento de intervención de la actual mandataria, Xiomara Castro —aliada de Cuba, Venezuela y Nicaragua— junto al ejército. Las advertencias provienen de organizaciones de observación electoral, de la Organización de Estados Americanos y de varios gobiernos de la región. Rixi Moncada, la candidata del partido de Castro, va perdiendo en las encuestas, y se perfila un escenario en el que la izquierda no parece dispuesta a aceptar ni la derrota ni la democracia.
Publicado originalmente en la edición 249 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Majadero de Artemisa
Hasta el pasado día 17 de noviembre, 11 presos políticos se encontraban en huelga de hambre en Cuba. Uno de ellos, Yosvani Rossell García Caso, lleva más de 25 días sin ingerir alimentos. El resto, confinados en diferentes prisiones de la isla. Hasta ahora, tanto el Gobierno cubano como sus medios de prensa guardan silencio sobre el tema.
Si se burla la censura, en la prensa independiente y en las redes sociales se puede hallar información acerca de esta situación, sobre la que la embajada de los Estados Unidos en La Habana emitió recientemente una declaración. En la misma expresa su preocupación por el estado de salud de estas personas y exige su liberación inmediata. Pero ni siquiera esto ha hecho que Cuba se pronuncie.
El silencio también parece ser la respuesta del Gobierno de la isla acerca del dictamen emitido por el Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que ha considerado que 49 de los presos políticos del 11 de julio de 2021 (11J) fueron detenidos de manera arbitraria. El organismo ha llamado a las autoridades cubanas a liberarlos de manera inmediata y exonerarlos de toda responsabilidad penal; además, ha exigido que sean indemnizados. La organización Prisoners Defenders, que presentó las denuncias ante esa institución, ha informado que Cuba es el país con más detenciones arbitrarias en todo el planeta desde 2019.
Pero la denuncia oportuna puede romper ese silencio. Después de innumerables quejas sobre la crisis sanitaria provocada en el país por la propagación del dengue y el chikungunya, las autoridades y los medios oficiales rompieron el silencio, y hasta el presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha reconocido la gravedad de la situación; aunque, como era de esperar, tardaron bastante en ofrecer cifras oficiales sobre el número de casos.
Otro de los problemas que ensombrece la vida de los cubanos es la aguda crisis económica. Apagones que duran horas y a veces días, inexistencia casi total del transporte público, escasez de agua potable y el encarecimiento general de la vida. Todo esto, provocado en buena medida por un reordenamiento que ha desembocado en un programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, y que incluye en su trama un juicio a puertas cerradas contra el exministro de Economía Alejandro Gil Fernández, así como una serie de acusaciones contra El Toque, al que culpan de provocar la especulación en un mercado informal de divisas que funciona a lo largo de todo el país y contra el que las fuerzas del orden no actúan.
Por si fuera poco, el devastador paso del huracán Melissa ha provocado una crisis humanitaria en el oriente de la isla. El Gobierno ha prometido ayudar a los damnificados, pero no es un secreto que los afectados por fenómenos meteorológicos anteriores, como el ciclón Rafael, aún esperan que llegue la ayuda estatal.
No todos los cubanos están dispuestos a callarse; algunos han salido a protestar a las calles, pero las autoridades han respondido enjuiciando y condenando a penas de cárcel a varias de estas personas. Mientras tanto, la crisis continúa y el pueblo sigue sufriendo.
Publicado originalmente en la edición 249 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Majadero de Artemisa
No hay peor ciego que el que no quiere ver o que evita ver la realidad. Esta es una máxima que se ajusta muy bien a la posición del gobierno cubano ante la crisis sanitaria que hoy se vive en la isla.
Durante varios meses, los portavoces del sistema han tratado de ocultar la verdadera realidad de la crisis sanitaria provocada por los incrementos de las enfermedades arbovirosis y la incapacidad del Sistema Nacional de Salud para enfrentarlas. En un intento de mantener ocultas las estadísticas y aparentar una seguridad que no existe, el régimen ha mantenido engañado al pueblo una vez más; realmente, en Cuba hay hoy una crisis sanitaria de gran envergadura, y ya la han tenido que reconocer.
Pese a que varias organizaciones internacionales han planteado la necesidad de declarar la emergencia sanitaria en la isla, el régimen se niega, para no verse obligado a admitir el colapso total de su cacareado sistema de salud.
Es innegable que, desde finales del pasado mes de octubre, Cuba enfrenta una grave crisis sanitaria provocada por epidemias masivas de dengue, oropouche y chikungunya. Más de 47 000 personas se encuentran ingresadas y se han confirmado 21 681 casos de chikungunya en las 14 provincias del país, según revelaciones recientes de fuentes del Ministerio de Salud Pública. La situación se agrava aún más debido al colapso del sistema de salud cubano, que carece de medicamentos y recursos médicos para enfrentar esta pandemia.
Toda esta compleja situación epidemiológica, unida a los apagones, la falta de alimentos, agua, recursos para fumigar las comunidades afectadas y los desastrosos efectos del paso del huracán Melisa por las provincias orientales, debilita la inmunidad de la población cubana a estos virus, haciendo más difícil y preocupante el escenario actual.
Esta compleja situación ya ha cobrado vidas humanas en la isla, generando indignación y rechazo entre la población hacia la política oficialista. Muchos temen que tengan que morir más cubanos antes de que el gobierno busque apoyo internacional o implemente medidas realmente eficaces para contener estas epidemias mortales.
Ya es hora de que el gobierno cubano asuma la gravedad de los hechos y deje de ocultar la realidad que vive el país.
Publicado originalmente en la edición 214 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.