Foto de Polina Kuzovkova en Unsplash
Por la periodista ciudadana Tatiana Fournier
Jan 22, 2026 | 10:10 AM
Tamara Carrasco vive sola en una vivienda en mal estado en el reparto Zamora, en Marianao. Tiene 85 años, todos vividos en ese sitio, y padece de una discapacidad motora que la obliga a andar en silla de ruedas. Tampoco cuenta con asistencia social porque desaparecieron esos programas de ayuda a los más necesitados.
En 2018 el Ministerio de Salud Pública divulgó las condiciones de trabajo de una asistente social, y la Oficina Nacional Tributaria (ONAT) estableció en 2020 el empleo de cuidadora como un trabajo de gestión privada, pero ambos anuncios fueron letra muerta porque, como Tamara, decenas de miles de ancianos de los barrios habaneros tienen que arreglárselas como puedan.
“Necesito una cuidadora, pero con el mísero salario que pagan nadie quiere hacerse cargo de una vieja por tan poco dinero. Tengo que realizarme un ultrasonido, pero el equipo está roto. Tengo que hacerme seis análisis en el policlínico, pero no hay reactivos. Necesito un medicamento que no hay en la farmacia y no tengo dinero para comprarlo en Internet porque es muy caro”, se lamentó Tamara.
En todos los pasillos, callejuelas y zaguanes de Zamora se ven personas de la tercera edad que, en lugar de estar descansando en su vejez, viven imbuidas en la supervivencia, en la búsqueda interminable de la comida, de los medicamentos, de lo poco que les permiten adquirir sus ínfimas pensiones; en una inflación del 375%, según datos aportados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).
“He solicitado auxilio al delegado del Poder Popular para que me envíen a una trabajadora social porque me voy a morir sola, pero nadie quiere este trabajo”, se quejó una vez más la octogenaria.
Según datos de la ONEI, en 2023 unas 96 712 personas recibieron pensiones en Cuba por su edad.
También de Zamora son Modesto y Silvia, un matrimonio de ancianos víctimas de la inflación y del olvido. Viven en un estrecho pasillo en la parte más oscura del barrio, en una vieja casa de madera y techo de zinc que apenas se sostiene sobre las vigas roídas.
“Estamos a la merced de la caridad de la gente, porque con mi retiro no me alcanza para vivir y mantener a Silvia”, comentó Modesto.
En 2024, aproximadamente el 18,3% de la población de la tercera edad se encontraba en la difícil situación de vivir sola y no poder costearse sus medicinas y alimentos. Aunque el eslogan comunista pregona que “la Revolución no deja a nadie desamparado”, lo cierto es que son los ancianos quienes más sufren en esta crisis, que se agrava cada día por la incompetencia del Gobierno, el cual ha sumido al país en un verdadero desastre.
Publicado originalmente en la edición 268 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero.