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Por el periodista ciudadano Rubén Batista
Jan 14, 2026 | 9:30 AM
Hay remedios que llegan a ser peores que la enfermedad, sencillamente porque quien los receta, lejos de ser un médico, resulta un veterinario. Esta es una verdad irrefutable que aplica a la nueva medida económica impuesta por el régimen cubano en días recientes, con el supuesto objetivo de solucionar el descalabro financiero que vive el país.
La nueva tasa de cambio aprobada el pasado 18 de diciembre e impulsada por el Banco Central de Cuba, destinada a corregir las distorsiones de la economía nacional y contener la inflación, nace condenada al fracaso. El esquema propuesto, basado en la coexistencia de tres tasas de cambio en el mercado de divisas, no solo no garantiza frenar la devaluación del peso cubano, sino que —según analistas independientes— podría agravarse en determinados sectores hasta superar el 242 %.
Esta fragmentación cambiaria, lejos de propiciar una unificación financiera real, introduce mayores distorsiones y alimenta un proceso de hiperinflación, al intentar priorizar un sector estatal que hoy se encuentra inmerso en una crisis estructural profunda. Aunque los portavoces del régimen aseguran que la medida permitirá estabilizar el mercado a mediano plazo como parte del denominado Programa de Estabilización Macroeconómica, su efectividad resulta altamente cuestionable, al no estar respaldada por una reforma integral del sistema económico, cuyo colapso es evidente.
Además, la viabilidad de esta política depende de la disponibilidad sostenida de divisas para respaldar las transacciones, un factor estrechamente ligado a la captación y control de las remesas. Sin embargo, en el contexto actual, el régimen carece de la capacidad real para garantizar ese flujo, lo que podría conducir, en el corto plazo, a una mayor contracción económica.
El impacto socioeconómico de esta medida, sumado a la continua devaluación del peso cubano, provocará un encarecimiento aún mayor de las importaciones esenciales, como alimentos, medicamentos y combustible. Este escenario resulta especialmente grave para un país que depende en más de un 70 % de las importaciones y cuyos efectos, como ya es habitual, recaerán con mayor fuerza sobre la población. De acuerdo con varios analistas, la nueva tasa de cambio ignora factores estructurales clave, entre ellos el elevado déficit fiscal, la escasez crónica de divisas y la baja productividad.
En opinión del destacado economista cubano Pavel Vidal, residente en Colombia, sin diversificación económica ni control de las emisiones monetarias sin respaldo productivo no hay forma de eliminar la inflación, por lo que se requerirían paquetes integrales que incluyan subsidios focalizados y aperturas al sector privado.
Una evaluación objetiva de esta medida conduce a la conclusión, sin temor a equivocarnos, de que se trata apenas de un parche incapaz de contener la inflación; por el contrario, todo indica que contribuirá a profundizarla.
En un país donde las fuerzas productivas permanecen asfixiadas por un sistema de relaciones de producción controlado y distorsionado por un modelo político e ideológico agotado, resulta imposible que cualquier proyecto o medida económica logre resultados favorables. Es doloroso reconocerlo, pero bajo el actual régimen cubano no existen condiciones reales para implementar cambios o mejoras que dignifiquen la vida de la población y respondan verdaderamente a sus necesidades.
Publicado originalmente en la edición 216 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.