La operación especial llevada a cabo el 3 de enero por fuerzas estadounidenses en Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ha sacado a la luz informaciones controvertidas y tensiones geopolíticas. Ese día, en un operativo militar de gran escala planificado durante meses, tropas de élite de Estados Unidos atacaron instalaciones clave en Caracas y lograron aprehender al líder venezolano, trasladándolo posteriormente a Nueva York para enfrentar cargos federales presentados por el gobierno estadounidense.
En medio de este contexto, se ha comentado repetidamente la presencia de tropas cubanas en Venezuela: según versiones oficiales de La Habana y Caracas, 32 efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior cubanos habrían sido dados de baja ese mismo día, aunque diferentes medios hablan de cifras superiores sin confirmación independiente.
Desde otros países de América también han llegado críticas y reacciones para el régimen cubano y sus aliados. El presidente chileno Gabriel Boric declaró en una entrevista que “Cuba es una dictadura” y afirmó que “Fidel Castro fue un dictador”, lo cual generó ataques desde sectores de izquierda que apoyan al chavismo, al sandinismo y otros gobiernos autoritarios, así como la respuesta del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, quien calificó a Boric de oportunista político y lo acusó de favorecer a la extrema derecha.
Además, han salido a la luz otros hechos que parecen complicar aún más la posición internacional de Cuba: Ucrania publicó un listado actualizado de cubanos caídos en el conflicto armado con Rusia, y en Lituania tres cubanos fueron vinculados a una célula que planeó actos terroristas supuestamente alineados con intereses de inteligencia militar rusa. También en Perú, el embajador cubano debió abandonar su misión tras ser vinculado con actividades de extrema izquierda. Esto ha sido interpretado por algunos analistas como parte de la influencia que el Gobierno cubano sigue intentando ejercer en la geopolítica mundial, incluso a través de mecanismos militares o políticos.
Sobre el caso de los 32 militares cubanos supuestamente muertos en Venezuela, el gobierno cubano se limitó a afirmar que estaban cumpliendo con acuerdos bilaterales de colaboración. El día de su funeral se decretó duelo nacional en Cuba, se rindieron honores y se organizaron marchas oficialistas, incluso con declaraciones de “estado de guerra” en medio de apagones, inflación, crisis de transporte y otros problemas internos que enfrenta la isla.
Este escenario encierra matices de confrontación regional: por un lado, Estados Unidos ha intensificado medidas contra Venezuela y sus aliados, incluyendo sanciones petroleras y acciones militares estratégicas; por otro, gobiernos como el de México han llamado a respetar el derecho internacional y han cuestionado la intervención. La crisis política, social y militar alrededor de estos hechos refleja tensiones profundas entre potencias, Estados aliados y gobiernos en el poder, que en ocasiones se traducen en represión interna, cortes de internet, desapariciones forzadas, arrestos y condenas de cárcel a manifestantes, siguiendo un patrón autoritario que, para muchos críticos, evidencia la resistencia de élites que se aferran al poder cueste lo que cueste.