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Por el periodista ciudadano Rubén Batista
Jan 30, 2026 | 10:00 AM
Los tiempos han cambiado en Cuba. Aquellas multitudinarias concentraciones populares y discursos políticos, enarbolando consignas revolucionarias que cautivaron el espíritu de todo un pueblo, han cesado, y en su lugar se ha ido formando irremediablemente un sentimiento de rechazo y apatía hacia un sistema político en el que la gran mayoría ya no cree, y los pocos que lo hacen es por conveniencia política o por temor; y el temor no es sinónimo de fidelidad.
Los últimos días de enero han comenzado a mostrar las fisuras del régimen cubano en la llamada y endiosada unidad revolucionaria. Las innumerables respuestas en las redes sociales al llamado del régimen a la unión popular para enfrentar un posible ataque a la isla por parte de los Estados Unidos muestran el sentir de millones de cubanos, quienes ya no se sienten motivados a defender un gobierno que en los últimos años ha demostrado ser incapaz de brindarles una vida digna en el pleno ejercicio de la libertad y la democracia.
El discurso oficial hoy va por un lado, mientras que la realidad sociopolítica del país se mueve en otra dirección. Las viejas arengas populistas, cargadas de promesas y manipulaciones, ya no resultan creíbles ni confiables. El pueblo cubano está despertando a una realidad diferente y viviendo una etapa crítica, producto de un sistema político decadente y fracasado, comprendiendo con dolor que la solución a los problemas que enfrenta solo puede venir de un cambio total y radical.
Aunque las voces del cambio intenten ser silenciadas, ya resulta imposible: no es solo una voz, sino millones, y el régimen cubano lo sabe. Muchos cubanos hablan sin temor y otros, aunque aparentemente callados, reconocen en su silencio la necesidad de transformaciones profundas. Por eso, los portavoces del sistema intentan proyectar una imagen de unidad, no porque esta exista realmente, sino para aparentar fortaleza y convencer al mundo —y a los cubanos indecisos— de que aún cuentan con el apoyo mayoritario, una ilusión completamente falsa.
La única realidad política en la isla es que la fuerza del sistema, sostenida en la llamada “sociedad de masas”, se ha quebrado. En este nuevo entorno resulta difícil distinguir al verdadero comunista del político oportunista de doble moral, al líder comprometido del corrupto.
No existe un discurso oficial sólido, solo verborrea manipuladora y poco convincente. No es culpa del cubano si ya no se somete a esta ideología absurda; simplemente, la gente piensa y actúa de acuerdo con la vida que ha vivido. Las circunstancias que le ha tocado enfrentar le han enseñado a ver la realidad con claridad y a adoptar una postura contraria al oficialismo.
El termómetro político en la isla muestra una reconfiguración de fuerzas. La realidad es completamente distinta, y no reconocerla puede significar ceguera para quienes ostentan el poder y un error estratégico para quienes buscan y defienden el cambio.
Publicado originalmente en la edición 217 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.