Si en algo son buenos los comunistas cubanos es en la industria triunfalista, en generar expectativas prácticamente de la nada; como aquello de hacer más con menos o “convertir en milagro el barro”, que no deja de ser una versión del fango. Nos referimos a las noticias altisonantes del régimen por la presencia de un barco con combustible en una rada habanera.
A qué nos relatamos. Se trata del titular del medio oficialista Granma de este 8 de octubre -por cierto, Día Mundial del Pulpo, que más pega a los trabajadores del patio que a los del resto del planeta por lo que se llevan estos asalariados de los centros de trabajo-: “Comienza hoy la venta de gas licuado de petróleo en La Habana, Artemisa y Mayabeque”.
Pero, qué de extraordinario tiene esto, si precisamente la norma es que la inestabilidad de este combustible no solo es perenne, sino que a la vuelta de unos días “el cuartico está igualito”. Nada de extraordinario hay aquí como para meterse de cabeza en un titular, cuando ese barco representa la clásica gota de agua derramada en el desierto. Más abajo aclara el rotativo que lo que llegó, el ansiado Gas Licuado de Petróleo (GPL), significa un alivio para los cerca de 1 700 000 clientes del combustible en toda la nación, quienes padecían la afectación al servicio desde finales del mes de septiembre.
La pregunta sobre este asunto viene como sigue: no sería más productivo e ilustrativo con raíces en la realidad enfocarse en el agravamiento de la miseria que provoca la escasez de gas en alrededor de la mitad de la población de la Isla -suponiendo que cada familia, 1,7 millones de clientes, tenga al menos tres integrantes-, en medio de un escenario donde prácticamente está invalidada la opción del uso de hornillas eléctricas por los constantes y extensos apagones.
El misterio radica en cuánto durará lo que trae el barco y cuándo se conseguirá otro, debido a los entuertos y enredos del régimen para conseguir uno solo de ellos. Sabemos, por ejemplo, que este último navío hacía varias semanas que estaba en puerto cubano sin poder descargar por asunto de pagos.
La descarga comenzó luego que el suministrador accedió a realizarla de forma fraccionada a partir de los pagos parciales que el Gobierno ha podido hacer. Resumen, cuál es la sensación, el intento de reflejo condicionado, que pretende dejar Granma en mentes de los de a pie: que pese a las dificultades el Gobierno trajo alivio al pueblo, cuando el asunto es otro, la crisis estructural que vive la Isla en manos de una mala administración plagada de improvisaciones.
Solo por mencionar una de estas llanezas, para nada propia de una entidad que se llame Gobierno, la realización de contrataciones de buques sin tener a mano con qué pagar, lo cual encarece el encargo por cobro de estadía en puerto; algo que más tarde redundará en alargamiento de los ciclos de reabastecimientos, consecuencia que pagará el pueblo.
Nada, que nuestros lectores no solo merecen aclaraciones, sino que sin o con nueva Ley de Comunicación Social, puesta en vigor este 5 de octubre -calientita todavía la súper amenaza-, la gente pobre que nos sigue merece saberse en lugar, el actual, en el esquema nacional; no meras marionetas del triunfalismo barato.
Por parte nuestra, el riesgo ya lo hemos asumido desde el primer día, y es con la dignidad que hay en nuestros corazones para con quienes tienen aplastadas sus voces. Y un barco de combustible en puerto cubano no pasa de superar a la clásica gota de agua en el desierto.
Publicado originalmente en la edición 226 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Majadero de Artemisa
Desde el pasado 20 de septiembre, se vienen desarrollando en toda Cuba las conocidas asambleas de rendición de cuenta de los delegados a sus electores, proceso que tiene la única intención de aparentar que el pueblo tiene el derecho de participar en la vida política y social, pero que en la práctica es solo una farsa disfrazada de democracia. La celebración de estas asambleas ha contado a todo lo largo y ancho del país de una escasa participación de pueblo.
La inseguridad social, las promesas incumplidas y la poca esperanza en mejoras, han mutilado la confianza del pueblo en los gobernantes. En medio de los molestos apagones de más de diez horas diarias, la crisis energética y alimentaria, la incontenible inflación y el fracaso de los paquetes de medidas económicas ensayados en los últimos dos años , son motivos más que suficientes para que el cubano ya no acepta más el juego y la manipulación política de esta supuesta democracia participativa.
No se puede confiar en un modelo democrático, cuyo ejercicio está mediado por diputados al servicio del sistema, que solo obedecen y aprueban de manera ciega leyes y decretos que hacen más complicada la vida del pueblo.
El verdadero ejercicio de la democracia exige la participación directa de los ciudadanos y el ejercicio correcto de las funciones de los representantes del pueblo, en la defensa y soluciones de sus problemas. Una democracia real supone intercambios y responsabilidad total de los elegidos hacia sus deberes para con los electores.
Los cubanos ya no aceptan el modelo democrático impuesto y utilizado por el régimen durante décadas. Este modelo no resulta ya funcional, porque la diversidad de ideas políticas que existen en la isla, no pueden ser contenidas, ni asimiladas desde el dogma democrático impuesto desde posiciones de fuerza.
Publicado originalmente en la edición 190 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano
El escritor búlgaro Tzvetan Todorov, en su obra Los enemigos íntimos de la democracia, que trata sobre la Bulgaria comunista de los años cincuenta, afirma: "La palabra libertad era aceptada, por supuesto, incluso se valoraba, pero, al igual que otros elementos de la propaganda oficial, se utilizaba para ocultar o compensar su ausencia".
"A falta de la cosa en sí, continúa expresando Todorov, teníamos la palabra. Los que querían participar en la vida pública sin convertirse en esclavos del dogma tenían que poner en práctica una variante de ese «arte de escribir olvidado» del que habla Leo Strauss, la lengua de Esopo. No decir, sino insinuar, un juego sutil del que también se podía acabar siendo víctima. Por lo que a mí respecta, era sensible a la falta de libertad de expresión, que carcomía también lo que la fundamenta, la libertad de pensamiento".
Las palabras del destacado intelectual muestran los peligros del sistema comunista, cuando de libertad se habla. En una extrapolación de las citadas palabras, la realidad de ellas se ajusta a Cuba, donde su sistema político, una copia del original comunismo europeo de los años cincuenta, donde el discurso oficial habla de una libertad que no existe y a nombre de ella extorsiona y condena.
Para cada cubano expresar libremente sus opiniones y puntos de vistas, diferentes al oficialismo resulta un peligro y un delito. Cuestionar al régimen y exigir el cambio constituye un motivo suficiente para formar parte de los más de mil presos políticos que hoy permanecen en las cárceles.
En un país donde marcar una diferencia es delito, donde decir la verdad es condenable y callar y soportar parece ser la norma única del sistema, no se puede hablar de una verdadera libertad, no de esa libertad como consigna, que manipula y provoca temores, sino de esa verdadera libertad que no teme a nada y que se ejercita en todos los aspectos de la vida, que acepta las diferencias y las respeta.
Como bien expresara Todorov, no puede haber una verdadera libertad en un país donde se limita la libertad de pensamiento y de expresión, porque estos constituyen los verdaderos fundamentos de la libertad.
Cada medida ley o decreto que el régimen cubano ha dictado tiene un propósito: socavar los fundamentos de una libertad que apenas existe y en cuyo nombre esclavizan la mente y las acciones de millones de cubanos, que aún no acaban de entenderlo que significa ser libres.
La verdadera libertad es el ejercicio responsable de todos los derechos y garantías que le asisten al ser humano, sin presiones, violencias y de acuerdo a los principios de la verdadera democracia.
Decía nuestro Martí: "Ser cultos es el único modo de ser libres", pero no esa cultura que enseñan los buenos libros, sino la posibilidad de hacer valer las ideas que ellos enseñan, sin que nada ni nadie lo impida.
Desde enero del presente año reina en las bodegas de Pinar del Río el desabastecimiento, la tan necesitada canasta básica ya se hecha en falta en los hogares más necesitados. Betsy Díaz Velázquez, ministra del Comercio Interior dijo en la Mesa Redonda que “el país no tiene para ofrecer los alimentos a la población, solo cuenta con el arroz, chícharos y la azúcar”.
Los llamados “mandados” no resuelven los problemas de la alimentación del pueblo, pero sí son un alivio en la economía hogareña; hace meses vienen con atraso, y ya en muchos hogares se nos olvidó el sabor del café, la azúcar es una pequeña porción, el aceite dejó de ser parte de nuestros hogares y el querido huevo es solo un manjar para los de mayor solvencia económica.
También hay que destacar que ya los llamados productos de la bodega tienen valores astronómicos, los cigarros que en antaño costaban 20 centavos, en estos momentos tienen un valor de 30 pesos, este valor lo impusieron después de desaparecerlo por más de seis meses en el 2019.
Demos gracias que somos el mayor productor de tabaco del país. Este Gobierno ha abandonado hasta a aquellos que supuestamente no dejarían atrás, los más vulnerables; ya nuestros enfermos no reciben las llamadas dietas médicas, que reforzaba tanto la alimentación de estos como de las embarazadas.
Y es comprensible, los productos cárnicos se desaparecieron, la población pinareña se pregunta si la Empresa de Venegas todavía existe, porque la carne ya no aparece ni por asomo en nuestras carnicerías. El Estado se empeña en denigrar al pueblo y cada segundo que pasa crea nuevas medidas para la inflación económica.
El Estado ha llevado a nuestro pueblo a una pobreza casi absoluta, racionando o desapareciendo nuestras fuentes de alimentos. Ya nos han quitado tanto, que vale la pena preguntarse si la canasta básica aún se mantiene, ya no abarca la gran variedad de productos que años atrás nos deleitaban con su presencia, y que ahora algunos de ellos solamente somos capaces de adquirir gracias a particulares, o por familiares en el exterior; pero la gran mayoría del pueblo no es capaz de adquirir mientras trabaje honradamente, por causas del mísero salario que pagan. Mientras tanto, los gobernantes se mantienen viviendo como reyes y se ríen de nuestro pueblo, pidiéndonos que soportemos; pero, ¿qué soporta el pueblo cubano? El maltrato y la malicia de este Gobierno.
Publicado originalmente en la edición 274 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Panorama Pinareño
Muchos trabajadores de las empresas estatales se han preguntado a lo largo de su vida laboral, para qué sirve y qué papel juega el sindicato en nuestro país luego del triunfo revolucionario de 1959. Algunos obreros aseguran que lejos de servir como contrapartida ante las administraciones, los cuadros sindicales se mantienen como simples espectadores y no cuentan con voz ni voto en las decisiones importantes que involucran a la clase obrera.
Es una realidad que el Gobierno cubano y el Partido Comunista, utilizan a los sindicatos para su beneficio y que incluso han manipulado el diseño de sus estructuras a nivel nacional, de provincia y hasta en la base, para mantener el control absoluto sobre sus disposiciones y desempeño.
Miguel Angel Curvelo Sanabria, obrero de la Empresa de Materiales de la Construcción hasta marzo del presente año, le aseguró a nuestra redacción, que el sindicato de esa empresa en lugar de apoyarlo en su lucha para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, colaboró con la administración para que fuera sancionado y posteriormente despedido de su puesto laboral.
“En septiembre de 2023 me enfrenté al Director de la Empresa de Materiales en una reunión sindical, para exigir que se mejoraran las condiciones laborales y sobre todo que se respetara el pago por resultados. Me convertí en una especie de portavoz de mis compañeros y solo dos meses después estaba enfrentando un juicio laboral por conducta inapropiada y violación del código de ética”, indicó.
El señor agregó que el proceso duró aproximadamente dos meses y que los integrantes del Sindicato y del Órgano de Justicia Laboral nunca lo apoyaron ni utilizaron las leyes laborales para defenderlo y que los funcionarios del Órgano del Trabajo a nivel de provincia, ni siquiera lo atendieron personalmente cuando puso una reclamación de manera oficial.
“Aunque trabajé por más de 20 años como operador de un molino de piedra en la Empresa de Materiales de la Construcción en Villa Clara, soy graduado de magisterio en la Escuela Formadora de Maestros en La Habana en la promoción de 1985. Esos estudios me sirvieron para darme cuenta que los Sindicatos son una marioneta de las administraciones y que para nada responden a los intereses de los trabajadores”, aclaró.
Curvelo Sanabria dijo que la sanción que le impusieron limita que pueda pertenecer a empresas y organismos estatales considerados estratégicos y sobre todo acceder a puestos de trabajo de responsabilidad con mayor remuneración.
Publicado originalmente en la edición 127 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Páginas Villareñas
La ponderada canasta básica que, según aseguran las autoridades de la Isla se proporciona a todos los cubanos por igual en independencia de su pensamiento político, no solo pasa de ser un mal chiste revolucionario, sino que es fuente de un arrebato desmedido de manos ajenas tomando lo que no les pertenece.
En otras palabras, en Cuba quien no roba no come; y mano suelta en el hoy contexto nacional tiene cualquiera, desde el encopetado dirigente hasta el descamisado que más debajo de la oficina aprieta tuercas.
Es un proceso generalizado e indetenible, máximo cuando hay niños en casa, que no comprenden la suerte tan estrecha de siete libras de arroz para 30 días. En estos momentos, el cereal, de distribución fraccionada a las bodegas; y en ocasiones fuera del mes en curso.
El último ejemplo del fiasco de la canasta básica, del valor real que tiene esta supuesta dádiva socialista para los cubanos, que viene a confirmar la tesis expuesta en este trabajo, fue lo dicho en cámaras de televisión nacional por la ministra de Comercio Interior Betsy Díaz Velázquez acerca de cómo se avecina septiembre; algo así de por dónde vienen los tiros provenientes de la bodega.
Y dice la ministra, momento difícil, el rostro apretado de la funcionaria parecía abrir la brecha a la resta de productos para el mes entrante -y se entiende, no es fácil poner la jeta ante todo un pueblo; que la misión se las trae-: “No tenemos previsto para septiembre en estos momentos, como no hubo en agosto, ni aceite ni café; y bueno, lo que nos corresponde es el esfuerzo por terminar los productos [los que faltan de agosto] …”. Entonces, qué queda para esa familia cubana, para ese trabajador que debe poner el plato de comida en la mesa.
“Manigüiti”, traducido del argot del barrio al castellano, a meterle duro a la mano, a lo pulpo de ocho tentáculos; lo cual se transcribe en robar sin misericordia de los centros de trabajo todo aquello que pueda ser robado. De ahí sale la verdadera canasta básica de la mayoría de los cubanos, no de la palabrería vertida en Naciones Unidas. Dejémonos de cuentos chinos, esa es la exacta realidad que hoy se vive en Cuba; no el mensaje que suele difundir el régimen sobre las bondades de una distribución igualitaria, a lo socialista, a toda la población.
Pero, lamentable en esos foros internacionales, donde abundan los bípedos de siete colmillos y escasean los ingenuos - todos saben que la miseria que se vive en la Isla supera “las campañas mediáticas del enemigo”-, se presta oídos al mensaje difundido por la dictadura, incluso donde muchos se hacen creer, para estar en paz con Dios y el diablo.
Hoy la realidad de la familia de la mayor de las Antillas es otra bien dura, lejos de la propaganda oficialista; y rebasa la línea moral de lo que está bien o mal para un ser humano. En Cuba quien no roba no come; pues la canasta básica cubana, es solo el mal chiste de la mano ajena.
Publicado originalmente en la edición 246 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, Amanecer Habanero
Después de convertirse en sal y agua el verano feliz, sin apagones, pronosticado por el presidente de la República a inicio de 2024, luego de dos meses terribles con más mosquitos que luces el régimen se aparece con la última promesa: el minuto uno, para el próximo año, sin consumir combustible importado.
La tierra prometida, fin de los apagones en Cuba. Esto supone abundancia y mucha luz, solo que el minuto viene envuelto en papel de promesa. Señores, cuántas veces ese mismo perro no ha mordido canillas cubanas; mientras la línea del horizonte, donde supuestamente se tocarían las promesas y la realidad, en la medida de la proximidad de la fecha pactada, se aleja y se aleja como temiendo al contacto.
“El minuto de oro”, como inmediatamente los cubanos de barrio han rebautizado en tono de chanza a estos 60 segundos bañados en el metal dorado, lejos de generar expectativa de progreso en la juventud ha incrementado la venta de boletos de avión rumbo a cualquier rincón del planeta.
En otras palabras, el minuto áureo, con su ADN de promesa, supone más de lo mismo: continuidad de la miseria. En las comunidades de a pie, donde aterrizan por excelencia estas catervas de esperanzas, o a donde van dirigidas desde el poder, y a su vez barómetro del cráter que generan los impactos, algunos ciudadanos son del criterio de que el minuto, soltado sin paracaídas en la mesa redonda por el ministro de Energía y Minas Vicente de la O Levy, guarda semejanza de gemelos con el vasito de leche prometido hace años por Raúl Castro.
El asunto del gran minuto, que ha traído más risas que pensamiento serio -el descrédito del régimen propicia esto-, no se presentó solo: la idea aparejada, según De la O Levy, lo van a engordar. Al principio la gente no entendía, pues allí caben nada más 60 segundos por mucho tiempo que se mastique; pero más tarde apareció la metamorfosis: pasar del minuto a la hora y luego al día, generando electricidad sin petróleo importado.
El temor, aunque todo muy lindo, ¡uff!, desde la Mesa Redonda, el lugar de los grandes acontecimientos, la Meca del triunfalismo revolucionario. No obstante a lo que pueda suponer esta gran noticia, lo que se pudo advertir en los barrios, pocos se han tomado en serio el asunto del minuto a engordar. Y esta es la gran lectura. ¡Por algo será!
El tiempo dirá, aún faltan algunos meses para que tropiecen los 60 segundos bañados en oro 2025. La última promesa del régimen al pueblo cubano. ¡Ah!, no se aceptan justificaciones. El bloqueo está quema´o.
Publicado originalmente en la edición 225 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Majadero de Artemisa
¡400 casos de Fiebre de Oropuche! La cifra sonó como una bomba de racimo. Toda Cuba se estremeció cuando el ministro de Salud Pública José Ángel Portal Miranda la dejó caer, desde las ambiguas alturas del régimen, en la inauguración del Curso Internacional de Dengue y otros Arbovirus.
“¿Cómo puede ser eso, sí solo en este barrio hay más de mil enfermos?”, decía un ciudadano en la calle. Pero, puede que sea verdad. Es posible que aquello, que parece una gran mentira, conociendo de donde proviene el número, sea una gran verdad.
Y la razón de esta afirmación radica en un solo elemento: el número 400 responde a cifras oficiales, quizás a personas registradas en los centros sanitarios y que, por cúmulo de evidencias sintomáticas, se pueda certificar sin objeción que efectivamente se trata del virus Oropouche.
No obstante, para desmenuzar el asunto del ser o no ser del bombazo soltado por el ministro, y que media isla ha puesto en dudas, comenzaremos por referirnos a la apatía de la gente para recurrir a hospitales y policlínicos cuando se tiene certeza de la inutilidad de la visita; en un escenario donde trasladarse de aquí a allá cuesta un ojo de la cara.
El primer portazo al llegar a un centro sanitario cubano: la falta de reactivos para determinar con seguridad que bicho aqueja al mortal, que los deseos de conquistar un mueble sanitario no siempre vienen del mosquito o jején. De ahí que el sujeto adolorido deba regresar sobre sus pasos sin saber si se trata del nuevo virus, dengue u otra cosa. Segundo mazazo, el médico no emite receta debido a que en las farmacias no hay medicamentos.
“Tome infusión de coyitos, lo más tiernos que pueda, de cerezo”, dice el galeno. Entonces, para qué acudir en busca de opinión profesional si se tiene tanta certeza de la inutilidad de la gestión. Sencillamente, las personas no pierden su tiempo y recursos en acudir . al médico a consecuencia del descrédito que hoy persigue al sistema sanitario cubano.
Uno de las esgrimidas conquistas de la Revolución. Señores, quién ahora mismo en este país no está convencido, porque escasean los hogares donde las diarreas, la fiebre alta y el malestar no da tregua, que en Cuba hay miles y miles de personas infestadas con el virus de Oropouche.
La realidad es otra, y tributa a la desconfianza de la ciudadanía en las instituciones sanitarias. Solo que la desvergüenza radica en utilizar este escenario para desde una tribuna oficialista mostrar virtudes revolucionarias que no existen: según las cifras de Portal Miranda, Cuba en contexto de las Américas ocuparía en cantidad de contagios el segundo lugar, de un total de 8 076, detrás de Brasil con 7 284, con unos escasos 400 enfermos.
La imagen inmediata que se apodera de los cerebros allende los mares, lejos del territorio nacional, donde la propaganda castrista se cuela por los resquicios de la ingenuidad que suele apoderarse de humanos fuera de contexto, es la siguiente: ¡Caramba!, allí la cosa no está tan mala cuando Brasil se cae a pedazos.
De eso se trata, créase o no, 400 puede ser el número; aunque la cifra real sólo corresponda a un barrio. Puede que por primera y única vez coincidamos con el aparato contracultural del régimen: Fiebre de Oropuche, la verdad del ministro que parece mentira.