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Por el periodista ciudadano Lázaro Quezada Rodríguez
Apr 9, 2026 | 10:05 AM
La vida de los cubanos hoy parece compararse con la de un perro. Desde el amanecer comienza una lucha diaria por la supervivencia, un intento desesperado por llevar un plato de comida a la mesa. En un escenario marcado por la desesperación que provocan el hambre y las carencias materiales cada vez mayores, millones de cubanos reniegan de un sistema político que los mantiene en tales condiciones.
Mientras los gendarmes del poder intentan sostener un modelo político que ha demostrado ser incapaz de resolver los problemas del pueblo, el cambio se ha convertido en una necesidad impostergable que ya no puede seguir esperando. Para la inmensa mayoría de la población cubana no se vislumbra ninguna mejora en las actuales condiciones de vida bajo el gobierno vigente.
La situación socioeconómica y política del país ha llegado a un punto límite. Con una inflación que crece día tras día y la constante devaluación del peso cubano, el poder adquisitivo de la población disminuye cada vez más. A ello se suma la dependencia de un mercado estatal prácticamente desabastecido, donde lo poco que se oferta se vende a precios similares a los del sector no estatal.
A estas carencias se añade una pobreza creciente que mantiene a más del 80 % de la población viviendo en condiciones muy precarias, especialmente a las personas de la tercera edad, para quienes el día a día parece convertirse en una lucha agotadora por sobrevivir. Cada mañana miles de madres cubanas se levantan desde temprano, aprovechando las pocas horas de electricidad para cocinar lo poco que hay en casa o encender una vieja hornilla de carbón. Con el rostro y las manos cubiertos de tizne y un profundo dolor en el alma, preparan algo para sus hijos.
La incertidumbre sobre el mañana se ha convertido en una dura realidad. Muchos, desesperados, optan por abandonar el país en una ola migratoria que parece no detenerse. Mientras tanto, el régimen continúa haciendo promesas de mejoras y pidiendo a quienes ya no pueden más una “resistencia creativa”, poniendo a prueba la resistencia de toda una nación que ha llegado al límite de lo que puede soportar.
Como una agravante a este dantesco escenario, digno de un infierno en la tierra, se vive también la impotencia de no poder hablar y gritar el dolor, sin ser víctimas de una censura oficial que penaliza la libertad de expresión, algo muy normal en el mundo civilizado y en los regímenes democráticos. En tal estado de cosas el cambio en la isla no puede esperar más, el cubano necesita un respiro a su miserable vida, y este no viene de la política oficial, sino de un proceso en el que la vida de dignifique y merezca la vida vivir, no como perros, sino como seres humanos.
Los intentos de reformas no pueden ser la solución del país. Las reformas económicas y políticas que se han gestado en el mundo, han demostrado ser cambios a medias porque no modifican las estructuras del poder y al paso del tiempo los problemas vuelven a aparecer. El cambio que requieren los cubanos debe ser total.
Publicado originalmente en la edición 221 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.