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Por la periodista ciudadana Yaquelín Herrera Cedeño
Apr 11, 2026 | 10:05 AM
Resulta irónico que quienes tienen la responsabilidad de garantizar la alimentación del pueblo sean los mismos que cuestionan y ponen trabas a quienes, por un gesto de buena voluntad, intentan ayudar —como buenos samaritanos— a personas que viven en condiciones de carencia y hambre.
En días recientes, un grupo solidario llegó hasta el barrio Jesús María, uno de los lugares con mayores índices de pobreza en la ciudad, con el propósito de llevar alimentos a sus habitantes más necesitados. Sin embargo, este gesto fue cuestionado por el gobierno local, que trató de impedir la ayuda apelando a argumentos políticos y razones difíciles de justificar.
Una vez más, los discursos políticos intentan convencer a una población que sufre carencias de que es preferible soportar el hambre antes que aceptar la ayuda de quienes desean tender una mano solidaria, bajo la acusación de que tales gestos responden a intereses enemigos.
Cuando un pueblo padece hambre, el principal responsable es su gobierno, el mismo que durante más de seis décadas ha acumulado promesas sin cumplir. Sin soluciones reales que ofrecer, intenta desacreditar toda iniciativa independiente, privando a quienes más lo necesitan de un apoyo inmediato. Escenas como esta se repiten con frecuencia en Cuba.
Cualquier acción de grupos independientes u organizaciones no vinculadas al Estado suele ser interpretada como una actividad hostil al sistema y, por tanto, neutralizada con rapidez. El prejuicio oficial impide que la incapacidad para garantizar condiciones de vida dignas quede en evidencia ante la población.
Así, el orgullo político termina cayendo en lo absurdo y la intolerancia se manifiesta de forma cada vez más evidente. ¿Hasta cuándo tendremos que soportar que el hambre siga castigando a nuestro pueblo y que lo poco que algunos ofrecen con amor y desinterés sea censurado por el régimen?
¿Cómo es posible que no comprendan que son ellos quienes han sumergido a un país entero en una profunda miseria y que es su responsabilidad sacarlo de esa situación? Los cubanos están padeciendo hambre. Duele en el alma ver a ancianos y jóvenes disputarse un poco de comida entregada de buena voluntad, cuando lo natural sería que el gobierno garantizara los alimentos que necesita su pueblo. Ninguna sociedad debería depender de la caridad para sobrevivir, mucho menos cuando existe un Estado que, en teoría, tiene la obligación de velar por el bienestar de sus ciudadanos.
Publicado originalmente en la edición 221 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.