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Los cubanos están cansados del discurso oficial

Foto de Ricardo IV Tamayo en Unsplash

Por el periodista ciudadano Rubén Batista

Mar 1, 2026 | 9:05 AM


Existe una máxima popular que advierte que se puede engañar a un pueblo durante un tiempo, pero no toda la vida. Durante más de 60 años, la sociedad cubana ha sido destinataria de promesas postergadas y de un discurso oficial que apela a una prosperidad que nunca se materializa.

Para las generaciones de mayor edad —aquellos que, como se dice en buen cubano, ya peinan canas— la historia reciente no ha conocido bonanzas reales. Por el contrario, la realidad nacional se percibe como un ciclo vicioso de crisis recurrentes. En enero de 1959, el actual sistema llegó al poder bajo la promesa de garantizar agua, caminos, escuelas y la solución definitiva a los males sociales del país. En aquel entonces, un sector mayoritario de la población, carente de recursos, abrazó con esperanza un discurso que se presentaba como mesiánico; una estrategia política eficaz que aprovechó la precariedad para cimentar su apoyo inicial.

Sin embargo, la realidad no tardó en confrontar las supuestas bondades del sistema. Muy pronto, la naturaleza del modelo político comenzó a mostrar su incapacidad para cumplir con las expectativas creadas, dejando al descubierto una gestión ineficiente frente a los anhelos de millones de ciudadanos.

La década de los 70 marcó un punto de inflexión con el fracaso de la “Zafra de los Diez Millones”, evento que arrastró consigo inflación y escasez. Los cubanos se vieron sumergidos en un período de severas restricciones y necesidades básicas insatisfechas. Fue en este escenario donde la eficacia política del socialismo comenzó a desmoronarse ante la mirada pública, revelándose incapaz de garantizar una existencia digna. Ante el cuestionamiento y la pérdida de legitimidad, el sistema optó por el uso de la censura y el encarcelamiento como sus principales mecanismos de respuesta.

Después de una bonanza temporal —si es que así pudiera llamarse a la dependencia total del llamado campo socialista— llegó el “Período Especial”, varios años de sufrimiento, desesperanza y hambre, en los que se le pedía al pueblo resistir en nombre de valores y principios políticos en los que ya muchos no creían. Pero la historia trágica de la isla no se detuvo y, tras una década de vivir como dependientes de otros estados, llegamos a la cruda realidad que hoy vivimos, donde la esperanza parece haberse marchado de la isla junto a quienes han emigrado.

En este contexto, marcado por denuncias de violaciones de derechos humanos y represión, el régimen cubano continúa prometiendo mejoras y apelando a consignas como la “resistencia creativa”, acompañadas de justificaciones políticas y económicas para mantenerse en el poder. Sin embargo, para muchos ciudadanos, tales argumentos resultan cada vez menos creíbles y se perciben como retórica destinada a preservar privilegios de una minoría en detrimento de la mayoría.

Si bien es cierto que los tiempos son difíciles y que el cubano parece estar despertando de un largo letargo político, algo ha surgido de esta dura realidad: una mayor disposición a pensar de manera crítica, a evaluar y cuestionar el discurso oficial y a reflexionar sobre la necesidad de cambios profundos. Porque, al final, las personas piensan y actúan de acuerdo con las condiciones en que viven, y esa realidad cotidiana termina imponiéndose sobre cualquier narrativa.

Publicado originalmente en la edición 219 del medio de comunicación comunitario del ICLEP, El Espirituano.

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